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Del Cine+Food al LPAFilm Festival

Durante la primera semana de Septiembre tiene lugar en Las Palmas de Gran Canaria la 5ª edición del Cine+Food, una oferta anteriormente manejada por el ayuntamiento de la ciudad pero que este año la organización recae sobre el Cabildo de la isla, y que ya empieza a ser una vieja conocida entre los habitantes de la ciudad. La esencia sigue siendo la misma: ofrecer cine al aire libre y puestos de comida internacional como oferta cultural alternativa. La programación se mueve en términos muy similares a los de ediciones anteriores: éxitos comerciales recientes y cine infantil, ingredientes infalibles para asegurar una gran asistencia de público. Este año además incluye una sección dedicada a las series de TV, para seguir esa corriente de público que lleva por bandera la premisa de que ‘las series son el nuevo cine’, cuya veracidad prefiero no discutir. Por último, la organización anuncia con gran algarabía la presencia de dos preestrenos dentro de la programación, lo cual sería una fantástica noticia (teniendo en cuenta la escasez de este tipo de eventos en nuestra ciudad) de no ser por la cuestionable calidad de ambas películas: Hércules y Sharknado 2.

El segundo caso es especialmente sangrante, pues se trata de la secuela de Sharknado, una película salida del canal SyFy americano, especializado en producciones baratas que prestan poca o ninguna atención a la calidad final del producto. Su premisa ya lo dice todo: un grupo de tiburones queda atrapado dentro de un tornado, sembrando el terror a su paso por la ciudad. La primera fue todo un fenómeno en la red, y la segunda posee el dudoso honor de ser la película que generó mayor cantidad de tweets durante su emisión, pocos de los cuales serían para alabar su calidad.

Una vez puestos en antecedentes espero que entiendan la sorpresa que sentí al saber que la presentación del susodicho film corrió a cargo de cierto individuo de la prensa local, refiriéndose a la película como una ‘apuesta personal’ para la programación del evento. Lo curioso es que dicho individuo es el autor de un texto en el que carga contra la organización del Festival internacional de cine de Las Palmas (ahora rebautizado como LPAFilm Festival) en el que pone en duda su gestión económica, la selección de títulos o la asistencia de público al mismo. Recordemos que el LPAFilm Festival es un festival de cine de prestigio a nivel nacional que siempre ha apostado por un cine de vanguardia, diferente y que tiene una difícil salida comercial. Un festival que año tras año ha traído títulos que cosechan un gran éxito de crítica a su paso por otros festivales y que de otra manera nunca llegarían a nuestras pantallas. Es por tanto un festival con unas pautas muy claras y cuya apuesta nunca ha pretendido caer en gracia al gran público. ¿Qué sentido tiene entonces tildarlo de fracaso en comparación con el NocturnaFest, un festival de cine fantástico que se proyecta en pleno centro de Madrid? Esa es la curiosa tesis que sostiene el señor Javier Suárez, cuyo blog invito a que visiten si quieren tener una visión más clara del tipo de perfil al que nos enfrentamos, muy cercano a lo discutido por aquí en la sección Internet y la crítica de cine.

Quizás ahora el otro sector de espectadores (entre los que me incluyo) podrían cargar de igual manera contra la organización del Cine+Food por apostar por un cine únicamente de carácter comercial y no dejar lugar a la innovación audiovisual. Por supuesto eso sería una estupidez pues esa nunca ha sido la vocación de ese evento y nadie pretende que lo sea. Lo lógico es que ambas propuestas convivan, al igual que intentan convivir ambos tipos de cine en las pantallas de todo el mundo, aunque el dominio de lo comercial sea inevitable. Es imposible pretender que toda la oferta se pliegue a nuestro gusto y visión personal, pues estaríamos traicionando la esencia misma del cine, un arte que algunos se empeñan en domesticar en nombre del amor que sienten hacia él.

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Gente en sitios

Gente en sitios, la última película de Juan Cavestany, es algo para lo que difícilmente se está  preparado antes de su visionado. Aún conociendo la estructura y tono de la película, tiene la capacidad de, en sus apenas 80 minutos, encontrarte con la guardia baja en un par de ocasiones. Cuando crees haber entendido el tipo de humor con el que juega, aparece un segmento ambiental, desconcertante e incluso agobiante, para luego permitir la irrupción del más puro surrealismo. Quizás es la representación cinematográfica de eso que llaman posthumor. Cavestany nos presenta un abanico de situaciones aparentemente inconexas, pero que en su conjunto nos plantea unas ideas sobre las que reflexionar. Un interesante reto que vale la pena aceptar, como espectador y como crítico.

Gente en sitios es una película hija de su tiempo, y se asienta sobre dos conceptos muy actuales: el cine low-cost y la búsqueda de inmediatez a la que parecen someternos las redes sociales. Internet parece haberse convertido en un debate infinito, una masa de información que crece cada día donde la única manera de hacernos notar es llegando antes que el resto. Consumimos productos con la mayor rapidez posible para poder plasmar una reflexión antes de que se le ocurra a cualquier otro. Y así seguimos alimentando a la bestia sin plantearnos realmente hasta qué punto es necesaria nuestra aportación.

El hecho de que hoy en día cualquiera pueda grabar, debido al abaratamiento de la tecnología, permite que este mismo principio se pueda aplicar en el medio audiovisual. ¿Por qué no rodar esas ideas fugaces que pasan por nuestra mente? ¿Hasta qué punto hay que elaborarlas para que tengan entidad propia? O lo que es lo mismo, ¿cómo saber qué ideas pueden tener validez y por tanto merecen nuestro tiempo? Sobre estas cuestiones parece reflexionar Cavestany a medida que desarrolla la película, con propuestas que se desechan a medida que se crean y otras que van creciendo al reaparecer, mutando incluso en formas inesperadas.

Gente

Gente en sitios nos permite aún otra reflexión, válida para el medio y nuestro día a día. Todos los personajes que aparecen transpiran una cierta desesperación y agotamiento, lo que unido a la estructura en forma de fragmentos inconexos, representando momentos únicos de sus vidas como si no hubiese nada que destacar del resto, sirven como un interesante reflejo de la realidad que se vive en nuestro país actualmente. Por otro lado nos sugiere la duda de hasta qué punto es necesaria la presencia de una trama o el desarrollo de una historia, ¿por qué no ir pasando de un clímax a otro, buscando ese momento en que lo cotidiano y lo extraordinario chocan de manera frontal?

Muchos son los que abrazan Gente en sitios como el gran descubrimiento del nuevo cine español. Yo quizás no me atrevería a decir tanto, pero una película tan libre y que llevando la fugacidad como bandera en su estructura consigue quedarse en nuestra cabeza para provocar ciertas reflexiones, es algo muy a tener en cuenta en nuestros días.

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Jugando a las películas

Hoy quiero hablar sobre un colectivo cada vez más numeroso en internet que nunca deja de sorprenderme: los cinéfilos. Son fácilmente detectables porque la gran mayoría incluyen este adjetivo en su biografía en las diferentes redes sociales, como si con esa palabra quedase resumida toda su existencia. Pero esta es sólo una pequeña parte de los hábitos que los definen y diferencian del resto de usuarios. Lo cinéfilos gustan de comentar continuamente las películas que van a ver, han visto o están viendo, porque gracias a las redes sociales pueden hablar de ellas en tiempo real. Normalmente tras cada película lanzan su propia valoración crítica en forma de un par de tweets y suelen comenzar interesantes conversaciones en las que discuten sobre el punto de vista de cada uno, hasta llegar habitualmente a la conclusión de que cada uno tiene su opinión y ambas son válidas por igual. En otras ocasiones la conversación suele consistir en el intercambio de apreciaciones y curiosidades para decidir quién es el más cinéfilo de todos.

El ritmo de estos usuarios raramente es menor de una película al día, en ocasiones llegando a 3 ó 4 por jornada. Su gran objetivo vital es, al llegar diciembre comprobar si han visto al menos 365 películas durante el año, y compartir el dato con sus compañeros ¿Cómo lo hacen? Pues muy sencillo, el más fiel aliado del cinéfilo es el servidor de torrents, pues ellos no se pueden permitir el lujo de esperar a que las películas lleguen a las salas de cine o a la web de VOD, su economía no puede equiparar su pasión por el cine. Las pocas ocasiones en que los podemos encontrar en una sala de cine es al llegar el estreno del gran blockbuster del año, ya sea una película de superhéroes o la nueva entrega de la trilogía-precuela de turno, porque ya sabemos que el espectáculo de esas producciones sí que vale el precio de una entrada de cine.

Otra variante interesante son aquellos cinéfilos que deciden trascender las redes sociales y fundar su propia web o blog donde verter sus valoraciones. Una vez consiguen un volumen de lectores importante y cierto nivel de notoriedad el siguiente objetivo está muy claro: tener acceso a los ansiados pases de prensa. De esta manera consiguen el doble objetivo de disfrutar de todos los estrenos en las salas de cine sin tener que pagar y hacerlo antes que nadie, con lo cual tienen la capacidad de influenciar la opinión generalizada sobre una película desde el mismo núcleo. Así los cinéfilos alcanzan el nirvana y son llevados a un nivel superior de existencia, en el que evidentemente son mejores que el resto de sus congéneres.

Los cinéfilos son muy conscientes de la influencia que alcanzan estas primeras opiniones, pues siempre están pendientes de las primeras noticias y opiniones que surgen desde los distintos festivales del mundo, para poder decidir qué vale la pena ver o no, e incluso hacer afirmaciones en base a las opiniones de otro como si fuesen suyas propias. Así se van construyendo unas expectativas durante meses y llegado el momento sentencian películas debido a que “el hype estaba demasiado alto”. También están muy pendientes de las diferentes entregas de premios, que comentan con un alto nivel de conocimiento en sus implicaciones e influencias. Tal es su pasión por estos premios que han fundado su propia academia, a la que sólo se puede acceder previa invitación, para entregar sus propios galardones. Ojalá me estuviese inventando todo esto.

El momento más enternecedor llega cuando surge una conversación entre cinéfilos en la que se lamentan del tiempo que tardan en llegar a nuestro país ciertos estrenos, de aquellos que nunca llegan o incluso del precio de las entradas de cine. Digo enternecedor porque evidencia que su pasión por las películas los ha llevado a vivir dentro de una en la que no son conscientes de que esas situaciones de las que se quejan están en gran medida causadas por muchas de sus costumbres. Quizás algún día sean conscientes de que su “pasión por el cine” puede acabar causando la destrucción de esa industria, pero mientras tanto seguirán jugando a las películas.

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Internet y la crítica de cine: conclusiones

Como hemos ido comentando en los capítulos anteriores de esta serie de posts, la presencia y desarrollo de internet ha facilitado la difusión de ideas y una cierta expansión de la crítica de cine. El problema es que eso ha venido acompañado de una desvirtuación del concepto de crítica, llegando a un punto en el que todo vale. Por tanto, ante esta situación cabe plantearse qué posiciones podemos tomar al respecto, ya sea como lectores o como críticos, si queremos cambiar esta situación.

En primer lugar quiero reivindicar y poner en perspectiva el trabajo de un crítico de cine mediante un acertado símil utilizado por el siempre interesante Film Crit Hulk. Casi todos conducimos un coche. Todos sabemos decir si un coche nos gusta externamente o si nos parece cómodo de conducir. Sin embargo la mayoría no sabemos como funciona un coche internamente, y no se nos ocurre discutir con un mecánico cuando nos dice qué problema tiene nuestro coche. No hay duda de que la opinión de un mecánico acerca de si un coche es bueno o no tendrá una base más firme que la de cualquier usuario, pues somos conscientes de que es un experto en la materia. Podría decirse que el crítico de cine es el mecánico de las películas, aquel capaz de identificar lo que falla en el motor con sólo oírlo y de ver más allá del amasijo de metales que vería un usuario al abrir un capó. Sin embargo en la crítica de cine no se sigue esta máxima, pues todo el mundo parece considerarse experto en cine puesto que ve películas con menor o mayor asiduidad.

Si a esta situación en la que cualquiera puede verter su opinión en calidad de (falso) experto (porque no lo olvidemos, en internet podemos ser lo que queramos hacer ver a otros que somos) le sumamos la capacidad de sugestión del lector (en muchas ocasiones haciendo pasar la opinión de otros como propias) y la facilidad con que esta dinámica puede expandirse y afectar a la opinión sobre una película desde antes de su estreno, nos encontramos ante una perspectiva sin duda preocupante.

Cambiar esta tónica pasa por potenciar el espíritu crítico del lector, no aceptando como cierto cualquier texto que nos encontremos hablando de cine ni llevando como dogma las opiniones de ciertos críticos, por mucho que acostumbremos a compartirlas. Sería interesante ser capaz de formarse una opinión propia antes de lanzarse a leer la de otros, para así ponerlas en diálogo y quizás obtener un resultado más enriquecedor. Así mismo el crítico de cine tiene la responsabilidad de respetar su campo y no banalizarlo, en la continua búsqueda del aprendizaje y profundización a través de sus textos. Por eso mismo, como apuntaba en la presentación del blog, no me considero ni mucho menos un crítico de cine. Aún me queda mucho por leer y ver para llegar a esa parte del camino.

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Así nos va (Vol. 5)

Por suerte o por desgracia aquí estamos para un nuevo volumen de Así nos va, sección en la que recopilamos esos pequeños detalles que encontramos por la red y nos dan señales del estado de la industria del cine y sus formas de consumo. En esta ocasión traigo una review que encontré en la web Letterbox, que para los que no la conozcan es algo muy similar a Filmaffinity pero americano y con un diseño bastante más bonito. En Letterbox al votar las películas tenemos también la opción de escribir una review, al estilo de las “críticas” que escriben los usuarios de Filmaffinity, pero por lo general más breves. En estas reviews podemos encontrar cosas realmente interesantes o auténticas chorradas. El siguiente ejemplo es una review de El Llanero Solitario, la última película de Johnny Depp.

Entrenimiento honesto

Me fascina profundamente el concepto de “entretenimiento honesto”. No me sorprendería si el texto estuviese escrito por los productores u otros implicados en la película, ya que su labor al fin y al cabo es venderla, pero cuando este tipo de conceptos vienen del público está claro que tenemos un problema. Se mire como se mire la denominación de “entretenimiento honesto” no es más que disfrazar de virtud aquello que es un defecto. Si empezamos llamando “entretenimiento honesto” a lo que hasta hace un tiempo era sencillamente “una mierda de película”, iremos poco a poco dejando pasar cualquier cosa que nos tiren a la cara, o incluso celebrando las películas más simples. Si empezamos a engañarnos sobre lo que vemos, luego no podremos quejarnos del panorama cinematográfico porque seremos los primeros culpables.

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Internet y la crítica de cine: la actitud

Uno de los aspectos que considero más preocupantes y que más se ha extendido en el uso de la crítica de cine que se hace en internet es una cierta actitud de superioridad mezclada con desdén a la hora de escribir y de analizar las películas. En muchas ocasiones da la sensación de que el “crítico” no tiene verdadero interés en lo que está escribiendo y cree saber más que el propio director, destrozando la película sin aportar demasiados argumentos. Carlos Boyero encaja perfectamente en esta descripción y es precisamente, uno de los críticos que más atención levanta en la red. Otros se limitan a hacer una especie de diagnóstico de por qué la película es o no un producto adecuado. Este abordaje de las películas desde el enfoque de “productos”, con el que no estoy en absoluto de acuerdo, suele desembocar en al ya famoso y perezoso argumento de “da lo que promete, no se le puede pedir más”.

La verdadera crítica de cine poco tiene que ver con ninguna de estas actitudes, sino que debe nacer de la humildad, esa humildad que aporta el saberse en un estado de continuo aprendizaje. Al escribir una crítica no se busca tanto un lucimiento de los conocimientos del autor (otro lugar común, esas críticas consistentes en una enumeración infinita de referencias) sino profundizar en la experiencia del visionado de la película para intentar descubrir algo más, algo que pudiese estar escondido a primera vista. De esta manera el crítico se pone a prueba con cada texto, intentando aprender siempre algo más, encontrar una mirada diferente y que pueda ayudar a otros a ampliar su visión sobre una determinada película.

Por otra parte es también muy común encontrar en la red cómo algunas críticas acaban dando lugar a eternos debates en los que tarde o temprano sale a relucir el argumento de que el cine es subjetivo, y por lo tanto las palabras de un crítico de poco valen pues cada uno tiene su propia opinión. De esta manera entramos en la zona espinosa del “todo vale”, pues si cada uno tiene una opinión y todas son igual de válidas, el ejercicio de la crítica no tendría un lugar práctico. Creo firmemente que en lo que al cine se refiere (y a las artes en general) a medida que se tiene mayor conocimiento, menos espacio queda para la subjetividad. Esto no se aplica sólo a los apartados técnicos, donde es más evidente, sino también en ámbitos como la capacidad de interpretación, de saber entender ciertas señales propias del lenguaje cinematográfico.

Es innegable que cuanto mayor conocimiento se tiene sobre un tema, con mayor propiedad se puede hablar de él. ¿Y cómo se adquiere éste tipo de conocimiento en el cine? Sin duda una parte esencial se adquiere viendo cine, pero eso no quiere decir que cualquiera que vea muchas películas sea un erudito. Se pueden ver 3 y 4 películas cada día y no aprender nada nuevo. En el cine no basta con mirar, en el cine hay que ver, y eso implica un cierto aprendizaje, un entrenamiento de la mirada. Aquí es donde entra la labor del crítico de cine, pues con esa actitud de continuo aprendizaje, de buscar una mirada diferente, consigue transmitir esas ideas e inquietudes al lector, que intentará hacer esos hallazgos por sí mismo. Sólo de esta manera podemos salvarnos de una situación en el que el “todo vale” sea la regla general y los espectadores acepten con gusto cualquier película porque “da lo que promete” en lugar de intentar ver más allá.

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Internet y la crítica de cine: la anticipación

Como comentaba en los capítulos anteriores de esta serie de posts, uno de los cambios más importantes que está  viviendo el cine (y cualquier otro ámbito) a raíz de internet es la saturación de información. Nos bombardean con información sobre películas que en muchas ocasiones ni se han empezado a rodar. Raro es el proyecto del que no se avanza información por parte de los responsables, aparecen fotos del rodaje o trailers muchos meses antes del estreno, y poco a poco nos hemos acostumbrado a conceptos como sneak peek y teaser. El problema de esta tendencia es que el público tiene demasiada información de antemano y se crean unas expectativas que afectan a la valoración posterior de las películas.

Pero lo que es aún más preocupante es que ha llegado un momento en que incluso se juzgan las películas de antemano, señalando sus errores y aciertos en función de lo que se muestra en los avances, llegando a límites ridículos como son las “precríticas”, donde se analiza la película y lo que se puede esperar de ella según el material promocional (creedme, me encantaría estar inventándome esto último). No es nada raro encontrar cada día comentarios del tipo “tiene pinta de ser una basura, no pienso verla” o “wow, alucinante, va a ser la mejor película del año”, por poner dos casos muy extremos. El problema es que en internet los mensajes se transmiten con muchísima facilidad, y como desde el anonimato todo el mundo tiene en principio el mismo nivel de credibilidad, se acaban creando ideas que se asientan entre el público y son muy difíciles de cambiar, hasta llegar al punto de darse premios por anticipado a actores en función de lo visto en 2 minutos de trailer o condicionar una película al olvido comercial por una promoción inadecuada.

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Internet y la crítica de cine: la simplificación

La perversión del concepto de crítica de cine ha traído acompañada la concepción de que cualquiera puede hacer crítica de cine, así como un intento de que llegue al mayor número de público posible, lo que acarrea inevitablemente una simplificación. Así cerramos un círculo vicioso que parece no tener fin. Esta tendencia hacia la crítica de cine como guía de compra podría remontarse a las conocidas puntuaciones en forma de estrellas usadas por numerosas revistas, o el uso de pulgares arriba y abajo implementado por el recientemente fallecido Roger Ebert. Estos códigos iban siempre acompañados de un texto que argumentaba dicha valoración, sin embargo, parece difícil imaginar un escenario en el que la crítica de cine sea más simple que sistema prácticamente binario que reina hoy en día. No hay más que pensar en los grandes sitios webs que recogen las opiniones de críticos consagrados. No contentos con reducir la crítica a fragmentos adecuadamente elegidos, en la línea de las frases utilizadas por las distribuidoras para promocionar sus películas, ahora añaden un código de colores para que el lector no pueda albergar ninguna duda de si se trata de una opinión positiva o negativa.

Así vemos la crítica reducida a una luz verde o roja, un tomate maduro o aplastado. El problema no es ya que se use este código simplista, sino que se aplica a los textos de críticos profesionales, especialmente en el caso de películas aún por estrenar y que estos han visto en los pases de prensa, y ahí están todos los “cinéfilos” pendientes del porcentaje de críticas positivas del próximo estreno, para saber lo que deben esperar. De esta manera muchas películas aún lejos de comenzar su carrera comercial llegan marcadas con un color, ayudando a la polarización de las opiniones tan común hoy en día. Poco a poco va desapareciendo la capacidad de argumentar, esencial en la crítica de cine, reduciéndose a expresiones simplistas y viscerales tales como peliculón o basura.

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Así nos va (Vol. 2)

Con el estreno de la segunda parte de Gru, mi villano favorito, internet e incluso la publicidad en la calle se ha llenado de esos bichos amarillos que casi tienen más protagonismo que el propio Gru, y que personalmente me provocan más dolor de cabeza que risa. De entre todas las fotos y vídeos que se comparten en las redes sociales me he encontrado con una que me ha sorprendido particularmente. Así nos va 2

No sé si sorprenderme por la falta de pudor al decir que se ve una película de forma pirata, pero está claro que la excusa de “el cine está caro” nunca nos abandonará, aunque las grandes cadenas oferten las entradas a 5 euros todos los días de la semana. Lo más llamativo es que iba acompañada del título “Planazo”. Porque ya se sabe, si te gusta una película no hay nada mejor que verla on-line en calidad dudosa.

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Internet y la crítica de cine: capítulo 1

Como he comentado en otras ocasiones, soy de la opinión de que internet ha desvirtuado de forma peligrosa el concepto de crítica de cine. He decidido recopilar algunas reflexiones en torno a esta idea en forma de una serie de pequeños posts, enfocando cada uno hacia los diferentes aspectos que considero más preocupante. En este primer capítulo toca abordar, dentro de lo posible, la cuestión de base: ¿qué es la crítica de cine? Hoy en día cualquier hijo de vecino tras salir del cine (o ver un DVD-rip en la pantalla de su ordenador, todo depende del caso) acude a su blog a escribir una opinión más o menos argumentada de lo que ha visto y dice haber escrito su crítica sobre la película, que luego irá mostrando orgulloso por todas las redes sociales a su alcance. En algunos casos incluso simplemente encadenan una serie de tweets hablando sobre por qué le ha gustado o no tal película y ya parecen tener derecho a poner en su biografía el título de “crítico de cine”. Sin embargo, la crítica de cine es mucho más que expresar una opinión sobre una película, la verdadera crítica de cine se encarga de desgranar las películas, buscando por qué ciertos aspectos funcionan o no, queriendo encontrar la interacción entre los aspectos técnicos y los puramente narrativos. La crítica de cine no se limita a enumerar las características de un film, ni se contenta con que el espectador obtenga lo que se pueda esperar de cierto tipo de productos, sino que busca entender lo que el autor quería expresar con la puesta en escena, ir más allá de lo que se ve, o incluso ponerlo en relación con otras películas ya sea buscando influencias o contraposiciones. Por todo esto me niego a llamar crítica de cine a lo que no es más que la expresión de un gusto, a la llana descripción de lo que se percibe al pasar por la pantalla sin ningún tipo de reflexión previa. Al desdibujarse su significado se alcanza una saturación (síntoma patognomónico de internet a todos los niveles) ya que todos creen ser capaces de hacer eso que llaman crítica de cine. Me parece injusto (a la vez que triste) que un texto escrito en 20 minutos reciba la misma calificación que algo cuyo autor ha estado reposando y construyendo durante varios días, incluso investigando o buceando en la filmoteca para contrastar información. Creo que lo más sano es empezar a diferenciar cada cosa por lo que es, pues a base de llamar a todo crítica de cine, llegará un momento en que ya nada lo sea.

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