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Una película, un fotograma: Abrir puertas y ventanas

Tres chicas en una casa, comparten el tiempo entre actividades banales. Vienen y van, a ratos discuten, en ocasiones se cuidan. Sin duda hay algo que las une, pero también que las separa. Se percibe el aliento de un dolor huidizo, nunca verbalizado, que se atisba en los momentos de los que somos testigos. Con estos mimbres construye Milagros Mumenthaler ‘Abrir puertas y ventanas’, una película que se erige sobre tiempos muertos, ausencias y todas esas cosas que no se dicen, pero por ello no dejan de estar presentes.

Durante una llamada de teléfono de una de las chicas, la cámara recorre su habitación, permitiendo atisbar un armario lleno de objetos acumulados durante la infancia.

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Posteriormente, una discusión entre dos de las hermanas desencadena en un portazo, que provoca la caída de todos los objetos del armario. Una imagen sencilla que sirve para ilustrar la carga del pasado y cómo los traumas que se intentan silenciar acaban saliendo a la luz de manera violenta. Un gran ejemplo de la capacidad narrativa de las imágenes sin necesidad de palabras.

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Una película, un fotograma: Du Levande

Retomamos la sección ‘Una película, un fotograma‘ con la segunda película de la trilogía existencialista de Roy Andersson, Du Levande. La obra del director sueco y su uso de una aparente economía de medios para plasmar reflexiones sobre los claroscuros de la existencia humana está en perfecta sintonía con los intereses de esta sección, centrada en profundizar en imágenes aparentemente sencillas para obtener lecturas más amplias.

La imagen en cuestión tiene lugar en esta escena del filme, en la que un personaje narra el terrible sueño que le atormentó la noche anterior, mientras se encuentra atrapado en un atasco interminable. En el sueño se encontraba en una cena familiar en la que no conocía a nadie e inexplicablemente decidía intentar el truco de tirar del mantel sin tirar ningún elemento de la vajilla. El experimento sale mal y termina rompiendo la antiquísima vajilla, lo cual le lleva incluso a verse frente a la justicia por ello. Es entonces cuando se introduce la secuencia del sueño que el protagonista ha narrado con la siguiente imagen.

Du levande 1

El protagonista tantea el mantel mientras le advierten que la vajilla tiene más de 200 años, en una secuencia que arranca al espectador risas incontrolables ante el conocimiento del desenlace. Tras casi 2 minutos de dudas y cálculos se produce el prometido tirón del mantel, y es cuando aparece un elemento que pronto congela las risas.

Du levande 2

La imagen de las esvásticas escondidas bajo el mantel añaden una nota amarga que complica el seguir riendo. Esta imagen demuestra la maestría de Andersson a la hora de manejar el gag, retorciendo lo que debería ser el remate del chiste para convertirlo en algo realmente incómodo. Pero quizás lo realmente interesante es cómo esta escena sintetiza las grandes ideas de la obra de Andersson: la existencia de aspectos trágicos tras los hechos cotidianos de la sociedad contemporánea. Por mucho que nos esforcemos por disfrazar nuestras preocupaciones e incluso ridiculizarlas, las miserias y tragedias siempre estarán bajo la superficie esperando para salir. Una idea sin duda pesimista pero que el director sueco articula de manera sorprendente con el humor.

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Una película, un fotograma: Memories of Murder

Retomamos esta sección de la web a propósito de la fantástica película que Bong Joon-ho dirigió en el año 2003, cinta fundamental en la reformulación del thriller policíaco al uso, cuya senda continuaría David Fincher en Zodiac. El director coreano explora, a través de la investigación de una serie de asesinatos, las diferentes metodologías de investigación de los policías y cómo la evolución del caso les afecta a ellos y al pueblo en el que suceden. Por el camino Bong Joon-ho juega con las convenciones del género, casi como si lo quisiera poner a prueba, dando como resultado una película de calidad e importancia indiscutible.

En esta ocasión no he seleccionado una sola imagen, pues el motivo de este post se debe más a la magia del montaje. El choque de dos imágenes que produce un nuevo significado y a la vez sintetiza las intenciones y hallazgos del film. En el tramo final de la película se produce un asesinato en el bosque. La víctima, tumbada en el suelo, alza la vista hacia el asesino y sucede lo siguiente.

Memories 1

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En lugar de mostrarse al espectador el contraplano esperado, ese que desvele la identidad del asesino, se encuentra con el policía que le sigue la pista, mostrando la angustia y el desasosiego en su rostro al saber que el asesinato podría estar produciéndose en ese momento. Así el director deja bien claras sus verdaderas intenciones, pues no está interesado en la captura del criminal o en revelar su identidad siquiera. El foco del drama está situado en los policías y cómo les afecta el caso, el resto es sólo accesorio. Este contraplano a su vez sugiere la idea de que el policía podría considerarse el verdugo, al no haber sido capaz de capturar al asesino. Al fin y al cabo así es como él debe sentirse.

Un gran ejemplo de ese montaje que habla, siendo un elemento más de la construcción del discurso, dentro de una película que bien vale revisitar en varias ocasiones.

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Una película, un fotograma: Stella Cadente

Stella Cadente, la última película de Lluís Miñarro, explora el reinado de Amadeo de Saboya en una película original y sin duda interesante, que no podría estar más de actualidad. El monarca de un país cuyo idioma apenas habla se ve obligado a recluirse en palacio, para evitar a todos los que se oponen a su reinado y desean incluso acabar con su vida. Un rey que ve como sus ideas y propuestas para reformar un país se quedan en simples ecos que resuenan en las paredes, impotente ante los que realmente controlan el poder desde las sombras, que le hacen firmar papeles que no comprende y claudicar ante los banqueros. Un rey que queda reducido a una idea y, al igual que en el mito de Platón, se proyecta como una simple sombra, para marchitarse poco a poco. stella-cadente-06

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Una película, un fotograma: El dinero

En el blog ya hemos hablado anteriormente de Robert Bresson y su trabajo. No descubro nada al decir que su cine es uno de los más personales, pues ya se ha escrito largo y tendido sobre él, pero precisamente por ello resulta especialmente emocionante encontrar en cada película suya pequeños gestos que revelan la grandeza de su trabajo, hallazgos que nos invitan a volver a revisar sus películas una vez más. Éste es el caso de El dinero (L’Argent) la última de sus películas, estrenada en 1983. Basándose en un relato corto de Leon Tolstoi, Bresson nos muestra una serie de personajes relacionados a través de un billete falso. Se podría pensar en los primeros compases de la película, y si no estuviésemos familiarizados con la obra del director francés, que nos encontramos ante una película de historias cruzadas, pero nada más lejos de la realidad. Bresson realiza una reflexión sobre los males que acechan al alma humana desde las raíces de la sociedad, y su metodología e intereses quedan perfectamente resumidos en el siguiente plano.

Dinero

El personaje que sostiene la taza recibe una bofetada, pero nunca vemos el golpe, sino que se nos muestra a través de sus consecuencias: el café derramado. Al fin y al cabo El dinero no trata sobre los actos, sino sobre sus consecuencias. Los eventos que tienen lugar en la película nos hacen pensar que el mal es inherente al ser humano/sociedad, pero si ponemos el foco en las consecuencias quizás podamos llegar a entender sus causas. Al igual que en el resto de su filmografía, a Bresson no le interesa la construcción narrativa habitual y no duda en utilizar elipsis que incluyen eventos importantes de la trama o despojar a sus personajes de aparentes motivaciones, así como sus actores/modelos parecen carecer de emociones. Tres fotogramas que sirven como muestra de una obra que invita a profundizar con la mirada.

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Una película, un fotograma: Cuscús

Retomamos esta sección del blog para hablar de Cuscús, o La graine et le mulet, película que presentó en el año 2007 Abdellatif Kechiche, director de La vida de Adèle y por la que recibió numerosos premios de la academia de cine francesa y en el festival de Venecia. La película, que cuenta la historia de una familia emigrante afincada en el sur de Francia y su lucha para salir adelante de su complicada situación, tiene en sus más de dos horas de duración una secuencia especialmente llamativa. El protagonista corre tras unos niños que le han robado la motocicleta, y durante la persecución aparece la siguiente imagen.

CusCús

El reflejo de la calle en el agua da la sensación de que los edificios, coches y farolas están boca abajo mientras el protagonista sigue corriendo. El mundo se ha vuelto del revés, de forma paralela a la película, que por un momento parece dirigirse hacia la clásica historia de superación personal y colectiva con el necesario final feliz, pero que acaba revelándose como un duro reflejo de la realidad que se vive cada día en las calles, donde los sueños se frustran incluso con mayor facilidad que con la que se planean. Un elegante recurso formal para ilustrar y remarcar el carácter de la historia a contar.

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Una película, un fotograma: Pickpocket

Esta nueva sección, reciclada de mi anterior blog es muy sencilla. Como su título indica, consiste en seleccionar un solo fotograma de una película, bien sea porque es especialmente llamativo, porque resuma la esencia de la película en cuestión o porque esconde algo más de lo que pudiera parecer, dando pie a una reflexión que pudiera ser interesante. En cualquier caso espero mantener una cierta regularidad en la sección, y si les gusta les animo a participar, compartiendo sus propios fotogramas de otras películas.

Para esta ocasión la película elegida es Pickpocket de Robert Bresson, sin duda uno de mis directores favoritos. El fotograma en cuestión, uno de los últimos de la película, es el siguiente.

Pickpocket

En un cine como el de Bresson, en el que tienen una gran importancia los gestos, llama la atención especialmente este, ya que al desatarse las pasiones de los protagonistas (todo lo que puede desatarse en el cine de Bresson) Jeanne besa la mano de Michel. La misma mano que durante la película ha robado carteras con movimientos precisos y calculados, esos que le han llevado a la prisión, y que se aferra con fuerza a los barrotes que los separan. De esta manera ese beso escenifica la muestra de amor definitiva, el perdón aún sabiendo los actos que ha llevado a cabo esa mano. Un gesto más sutil y frío que un beso en los labios, y sin embargo más significativo, encajando perfectamente con los personajes de Bresson.

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