Archivo de la categoría: Sin categoría

Elle: esconderse a plena vista

Lo subversivo es más devastador cuando se disfraza de normalidad. Paul Verhoeven lo sabe perfectamente y por eso ha basado buena parte de su filmografía en ponerle los ropajes de distintos géneros a lo que en realidad son críticas al sistema establecido, aunque eso le haya supuesto en más de una ocasión que sus trabajos no hayan sido valorados con justicia, cuando no directamente malinterpretados. Verhoeven vuelve al cine 10 años después de El libro negro y ya lejos de la maquinaria de Hollywood con Elle, que con las hechuras de un thriller impecable lanza una carga de profundidad a las falsas apariencias de la burguesía y los deseos silenciados en la sociedad actual.

Elle comienza con su protagonista, Michèle, sufriendo un asalto sexual, que su gato observa de manera impasible. “No te pido que le arrancases los ojos, pero al menos le podrías haber arañado un poco” le dice posteriormente Michèle al felino. Probablemente en esa línea se dirigirá el primer impulso que sentirá el espectador ante la escena, con una mezcla de impotencia y odio hacia el violador y compasión ante la víctima, para encontrarse cada vez más cerca de la posición distanciada del gato a medida que vayamos descubriendo al personaje de Michèle, interpretado por una maravillosa Isabelle Huppert que parece la personificación del espíritu del film: elegante en la superficie pero llena de oscuros recovecos. Verhoeven despliega su universo particular de mujeres poderosas y manipuladoras que sólo pueden encontrar su igual en otra fémina, mientras los hombres se creen mucho más inteligentes de lo que realmente son y basta una patada en la entrepierna para anular su superioridad física.

elle-de-paul-verhoeven-isabelle-huppert-est-remarquable

Donde en Starship Troopers estaba el ejército y en Showgirls el mundo del espectáculo, aquí tenemos a la industria del videojuego como el entorno laboral cerrado en el que se mueve la protagonista. Lejos de tratarse como la enésima crítica vacía a los excesos del videojuego y culparle de todos los males de nuestra sociedad, funciona como entorno ideal para representar a una sociedad hipócrita que silencia sus deseos para darles rienda suelta de manera virtual. Verhoeven no desaprovecha la oportunidad de mostrar a la religión como otra cara de la misma moneda, descubriendo como falsedad lo que parece ser simple mojigatería.

Se construye así una película sobre las falsas apariencias que precisamente corre el riesgo de que su sentido del humor no permita apreciar lo afilado de su discurso, o que algunos no sepan leer más allá de la provocación y decidan ir por la vía de ofenderse, tan de moda hoy en día. Tratándose de un director que ha sufrido directamente las consecuencias del puritanismo en su carrera, hay que agradecer que Verhoeven se mantenga fiel a su estilo y no se esconda bajo disfraces complacientes. A fin de cuentas sin riesgo no hay diversión.

Anuncios
Etiquetado , ,

64 Festival de San Sebastián: Jornada 4

Llegamos al cuarto día de festival y con ello casi a su ecuador, momento en que el ritmo empieza a hacer mella y las fuerzas flaquean, pero sólo queda reponerse ante la esperanza de nuevos destellos de genialidad entre la programación. Lamentablemente ese no fue el caso de la primera propuesta del día en la sección oficial, Lady Macbeth (William Oldroyd), que se basa en el relato de Nikolái Leskov para construir una película de época en la que la fastuosidad deja paso a un ambiente tenebroso y las habituales formas recatadas desaparecen en pos de las pasiones desatadas. Tras esos aires de cuento gótico y una factura visual impecable encontramos en cambio pocos alicientes para reivindicar el trabajo del director inglés.

ladymacbeth_fotopelicula_12697

El debate en torno a la moral volvió al festival de la mano de Playground (Bartosz M. Kowalski) aunque esta vez la cuestión gira en torno a las implicaciones morales de la forma de representación. La película polaca sigue el último día de colegio de tres niños, acercándose a su vida diaria y sus dudosas maneras de entretenerse, intentando atisbar alguna motivación para un desenlace final totalmente abyecto en el que el director decide alejarse de la acción en una decisión cobarde que revela un interés por disgustar al espectador sin proponer ningún discurso. El continuo juego al despiste y la decisión de espectacularizar ciertas situaciones revelan una postura más cercana al desprecio que al respeto hacia el espectador. El trabajo de un cineasta que parece no haber digerido la obra de Michael Haneke.

Nos trasladamos a la sección Perlas para sumergirnos en el nuevo trabajo del chileno Pablo Larraín, Neruda, un atípico biopic del poeta en el que la película parece empaparse del espíritu del personaje en lugar de limitarse a recrear un fragmento de su vida. El legado creativo de Neruda dirige un film con un interesante juego metacinematográfico en el que el relato persigue al propio narrador y cuenta con interesantes hallazgos en el terreno de la gramática visual, como las secuencias en las que una misma conversación se fragmenta en múltiples espacios. Quizás haya más poesía en esas secuencias que en la incesante voz en off de Gael García Bernal, cuya grandilocuencia unida a los excesos musicales que buscan crear la falsa idea de estar continuamente ante un momento sublime acaba haciendo que la película se derrumbe ante su pretendida grandeza.

neruda_fotopelicula_10784

La nota romántica de la jornada corrió a cargo de Porto (Gabe Klinger) presentada en la sección Nuevos Directores. Lo dulce y lo amargo se dan la mano en una película que recrea el encuentro de una pareja en la noche de la ciudad portuguesa, con un interesante juego de formatos para hablar sobre la puesta en escena de los recuerdos y la forma en que los revisitamos. Una acertada estructura y la ternura de sus imágenes transmiten el amor que se ha puesto en su elaboración y numerosas influencias cinematográficas proyectadas con voz propia.

Etiquetado , , , ,

64 Festival de San Sebastián: Jornada 3

Alcanzamos el tercer día del festival en una jornada con tres propuestas muy diferentes dentro la sección oficial, y un destello de genialidad gracias a la siempre agradecida mirada subversiva de Paul Verhoeven.

El cine español regresó a Donostia de la mano de Rodrigo Sorogoyen y su nuevo trabajo Que Dios nos perdone, enésimo thriller policíaco llamado a salvar el cine español, o al menos los números de la taquilla. Poco sentido tiene presentar en un festival de estas características un film que viene avalado por una major como Warner y el enorme mecanismo de Atresmedia, lo cual asegura un enorme impacto comercial. Menos sentido aún tiene cuando se trata de una obra tremendamente impersonal, que se limita a abrazar los clichés del género para recorrerlos uno a uno sin aportar nada nuevo, bajo un marco temporal que en nada afecta a la trama ni el subtexto. Todo en la película es tosco y soez, como si con eso se quisiera abrazar el arquetipo de ‘lo español’, decisión del todo incoherente al enmarcarse dentro de la nueva ola de cine nacional que entiende como éxito la imitación de lo foráneo. Volviendo al símil utilizado durante la primera jornada: 20 años han pasado desde el estreno de Seven (David Fincher) y aún parece que no hayamos aprendido nada.

quediosnosperdone_fotopelicula_12011

La más modesta de las ofertas de la sección oficial llega desde Suecia con Jätten (Johannes Nyholm) que realiza una celebración de lo diferente sin caer en excesos condescendientes. La historia de un chico con graves deformidades que sueña con jugar el campeonato internacional de petanca se sustenta sobre un guión esquemático, cuenta a su favor con un clímax que mezcla el humor costumbrista con destellos de absurdo que suben el nivel final de la propuesta sin llegar a hacerla especialmente memorable.

La sorpresa del día, y de la sección oficial hasta ahora, llegó con Bertrand Bonello y su Nocturama que dicen las malas lenguas no estuvo en la selección de Cannes por la previsible polémica que despertaría, al narrar un ataque terrorista en el corazón de París perpetrado por unos adolescentes. En San Sebastián tuvo lugar esa polémica, al cuestionar algunos la moralidad de la propuesta de Bonello. Pero poco sentido tiene hablar de moral en una película que se sustenta sobre la idea de dinamitar el sistema desde dentro, con la motivación de crear así algo nuevo. Algo similar hace la película al plantear una deconstrucción del género usando sus elementos característicos (hay explosiones en ralentí y que se repiten, pero sin rastro de espectacularidad). La película encierra numerosas ideas que invitan a la reflexión y en absoluto arbitrarias, como la maravillosa contradicción de querer destruir el sistema capitalista para posteriormente refugiarse en un centro comercial. Una película sobre la que seguro volveremos una y otra vez los próximos días, que es lo que esperamos de la sección oficial.

nocturama

El cierre lo puso Paul Verhoeven con Elle que llega tras cosechar no pocas alabanzas en Cannes. El director holandés vuelve a hacer gala de su manejo de las claves del thriller y su incansable actitud provocadora al plantear la delirante venganza de una mujer de clase alta tras ser violada en su propio hogar. Verhoeven despliega su habitual universo de mujeres maquiavélicas y hombres manejables a los que sólo les mueve el deseo sexual. Tras la apariencia de un thriller impecable se esconde un film que trabaja a muchos niveles y confirma que la única manera vigente de hablar de las trivialidades de las clases altas es desde cierto concepto del ridículo.

Etiquetado , , , , ,

Esa Sensación

Si quisiéramos elaborar una especie de receta del humor, podríamos concluir que se compone de una delicada mezcla de lo cotidiano y lo inesperado. La ruptura de las expectativas frente a determinadas situaciones son el desencadenante de la risa y por tanto la base del humor. Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando plantean en Esa Sensación una especie de hibridación de este concepto, con tres propuestas que se acercan al humor desde puntos de partida totalmente alejados de lo cotidiano pero a la vez incluyéndolo en su discurso.

Quizás el ejemplo más claro corresponde al segmento realizado por Cavestany, en el que una suerte de virus hace que las personas infectadas digan o hagan cosas que van en contra de las convenciones sociales más elementales. La sensación de extrañamiento inicial va dejando paso a la risa mientras se suceden las situaciones en que el virus aflora, sin que pueda existir ningún tipo de anticipación a la forma en que lo hará. Visto en retrospectiva, esas rupturas de la cotidianidad se entienden como algo más que estallidos de humor, sino que contienen reflexiones sobre esas convenciones sociales y permiten plantearse cuál es su origen, validez y hasta qué punto suponen el tejido conectivo de una comunidad.

Esa-sensacion-3-e1462869776419

Pablo Hernando propone un relato en torno a una mujer que se enamora de objetos, con los que mantiene relaciones sentimentales, incluyendo el componente más físico de las mismas. A pesar de este punto de partida tan alejado de la realidad se alcanza cierta empatía con la protagonista, de repente su mundo no resulta tan extraño e incluso podemos anticiparnos a los hechos que acontecen. Es de esa manera como se llega al humor, que surge de la alquimia entre lo cotidiano y lo anómalo. Y por si esto no fuese un logro suficiente, cuando ese tono cómico parece haberse establecido de forma natural, el relato vira hacia tintes dramáticos.Ya no observamos la historia de esa chica desde la distancia, estamos involucrados e incluso podemos sentirnos identificados. Se plantea así la duda de qué es realmente ‘lo extraño’. ¿No somos todos acaso bichos raros dentro de una serie de normas socialmente aceptadas?

Durante el metraje perteneciente al fragmento de Génisson, un personaje compara el hecho de descubrir la fe cristiana con el de empezar a ir al gimnasio. Al principio todo es extraño y te limitas a repetir lo que hace el resto de feligreses, con el paso del tiempo te acostumbras a la dinámica hasta que llegado un momento dejas de plantearte lo racional de tus actos y pasas a ser uno más de la comunidad. Quizás esta sea la mejor definición del mecanismo de la propia película, en la que lo cotidiano se abre paso entre los mimbres del surrealismo hasta el punto de desdibujar sus límites, a través de un ejercicio de puro acostumbramiento. La propia naturaleza de la película, compuesta por tres relatos, de tres directores diferentes y sin relación evidente, reafirma el concepto que unifica el conjunto: el desafío de lo establecido, la puesta en duda de la normalidad como pasos elementales para alcanzar el cambio.

 

El fondo y la forma

¿Hasta qué punto llega la labor de un director de cine a la hora de contar una historia? ¿Hasta que punto fondo y forma pueden ir de la mano al presentar un relato? ¿La autoría debe erigirse como un elemento imposible de ignorar o puede el autor esconderse tras unas formas más discretas? Son algunas de las cuestiones sobre las que queremos reflexionar a propósito de algunos de los estrenos más recientes.

El año pasado Alejandro González Iñárritu alcanzó el éxito académico con Birdman, película cuyo fin último era construir un único plano secuencia, siendo la cámara flotante y un montaje a golpe de trucos digitales el peaje necesario para alcanzar dicho objetivo. Esos mismos elementos formales siguen presentes en su nuevo trabajo, The Revenant, aunque con un resultado más irregular. Los travellings imposibles y los empalmes digitales se presentan como si de alguna especie de firma autoral se tratara, pero ante la ausencia del reto formal y sin justificación narrativa en muchas ocasiones, queda como un simple ejercicio de lucimiento.

revenant

Algo similar ocurre con la indiscutiblemente espectacular fotografía realizada por Emmanuel Lubezki. La continua búsqueda de imágenes sublimes acaba sumiendo al espectador en una suerte de letargo producto de la saturación. Cuando todas las imágenes son hermosas, su capacidad de impresionar queda anulada. De la misma manera se plantea cierta contradicción al emplearse esas imágenes en el marco de una historia sobre los más bajos instintos y miserias del ser humano. Si el trabajo de Lubezki daba relieve a la obra de un director como Malick, donde el discurso siempre apunta a cierta espiritualidad y pureza, aquí parece ser un elemento aparte, especialmente útil a la hora de elaborar una campaña mediática en torno a las dificultades técnicas que supuso el rodaje del film. Con estos elementos The Revenant se descubre como una película en la que la búsqueda del impacto sobre el espectador se acaba convirtiendo en una batalla en la que la forma se erige por encima del relato.

Un ejemplo prácticamente opuesto lo encontramos en Spotlight de Thomas McCarthy. En ella el director apuesta por un trabajo funcional, alejándose de piruetas formales para ponerse al servicio del relato que quiere contar. Casi podría decirse que el director se ha contagiado del espíritu de los periodistas que protagonizan el film, y todas sus energías estuviesen puestas en sacar a la luz la historia que tiene entre manos de la manera más ilustrativa para el público posible. Quizás por ello sería injusto acusar a la película de poca elaboración a nivel visual, si bien es cierto que cuando quiere componer imágenes que refuercen su discurso el resultado es en muchas ocasiones demasiado obvio.

spotlight

El punto medio en esta batalla podemos encontrarlo en otra de las nominadas a los Oscar de este año, Mad Max: Fury Road de George Miller. Se trata sin duda de una película con una fuerte carga visual, pero esta se encuentra en consonancia con el relato. Los colores saturados y el montaje acelerado se integran como un elemento más del mundo desquiciado que habitan los personajes, una extensión de su estado mental. A pesar de esa exuberancia visual, el director confía en el peso de secuencias concretas para impactar al espectador, distribuyéndolas de manera que mantengan la capacidad de sorprender. Miller se preocupa a su vez de construir un film de acción en el que el espectador no se pierda en un mar de planos infinitesimales, a través de composiciones simples pero estudiadas que permiten asimilar la información sin perder la sensación de urgencia propia del género. Estamos por tanto ante un ejemplo de que un planteamiento desde la estética no tiene por qué ir en contra de los intereses del relato, sino todo lo contrario.

Mad-Max-Fury-Road

 

Top 10 2015

Cerramos el año 2015, tras un parón que de ninguna manera se puede justificar, con la ya habitual lista propia de estas fechas. No diré que se trata de las mejores películas del año, pero sí las que más me han gustado de las que he tenido la oportunidad de ver.

Top 10

  1. Inherent Vice (Paul Thomas Anderson): el director californiano consigue invocar a través de las formas cinematográficas cierta época y el estado mental que le acompañaba, indagando una vez más en las miserias que subyacen en la historia de su país mientras mantiene como trasfondo una poderosa historia de amor.
  2. The Forbidden Room (Guy Maddin y Evan Johnson): a través de la mezcla de innumerables referentes e influencias el director canadiense construye una obra absolutamente original, utilizando formas clásicas y retorciéndolas hasta resultar en algo irreconocible.
  3. The Assassin (Hou Hsiao-Hsien): más allá de la innegable belleza visual conviene destacar el uso tanto de escenarios como paisajes naturales para componer encuadres que sutilmente definen la psicología de sus personajes. Una deconstrucción del género Wuxia, manteniendo todos sus elementos característicos a la vez que los pone en cuestión.
  4. Songs from the North (Soon-Mi Yoo): acercamiento a la siempre esquiva realidad de Corea del Norte desde una perspectiva profundamente personal pero siempre lejos del sensacionalismo con que suele abordarse la cuestión.
  5. Mad Max: Fury Road (George Miller): en una saga que parece replantearse a sí misma en cada entrega, pero siempre manteniendo su personalidad, surge una película que mezcla la simplificación en su trama con lo barroco de sus imágenes y un montaje a la altura de su desquiciado mundo.
  6. Cavalo Dinheiro (Pedro Costa): una historia de los fantasmas de un país y sus habitantes para construir una de las películas más terroríficas del año, capaz de perseguirnos mucho más allá de su visionado. El cine entendido como experiencia visceral.
  7. Clouds of Sils Maria (Olivier Assayas): el director francés propone un relato meta cinematográfico que se despliega en múltiples capas de lectura y diferentes sensibilidades que bien merece varios visionados.
  8. It Follows (David Robert Mitchell): un espectacular despliegue de medios técnicos al servicio de ese terror que desgraciadamente escasea en el cine reciente: el miedo a lo inaprensible, e invisible.
  9. Turist (Ruben Östlund): a medio camino entre lo cotidiano y el absurdo se construye el retrato de una Europa en crisis en su nivel más básico: la moral.
  10. Eden (Mia Hansen-Løve): con los mimbres que en otras manos podría haber resultado en un ‘coming of age’ al uso o un exceso musical, la directora francesa consigue con su característica sensibilidad que la música funcione como catalizador emocional de unos personajes que se sienten realmente cercanos.

Puro vicio

Hablar a estas alturas del valor del cine de Paul Thomas Anderson como diagnóstico de los males estadounidenses sería aportar poco a un debate antiguo. En sus dos películas anteriores (The Master y Pozos de ambición) afrontó sendos periodos de la historia de su país, señalando la presencia de cierta putrefacción en sus bases más elementales. Pero ya desde sus primeros trabajos (de Sidney a Magnolia) a través de las profundas insatisfacciones de sus personajes, derivadas de unas ambiciones desmedidas, se apuntaba una crítica al denominado ‘American Dream’ y las bases que lo promueven (aunque no nos engañemos, ese sueño y el modo de vida que representa hace tiempo que dejó de pertenecer únicamente a Estados Unidos). En su último film el director vuelve a fijar la mirada en un periodo turbulento de la historia de su país, unos años 70 en los que la evasión que proporcionan las drogas va de la mano de la sombra del terror encarnado por Charles Manson y sus acólitos. La presencia del mal como constante de la historia norteamericana. Pero como decimos, este no es el aspecto que nos interesa del film, pues el último trabajo de Paul Thomas Anderson posee muchas otras cualidades a las que conviene prestar atención.

inherent 2

Puro vicio se presenta como un relato policíaco al uso, pero sus formas pronto demuestran que esa impresión es errónea. Las investigaciones de Doc Sportello lo llevan a descubrir una corriente interminable de pistas que profundizan cada vez más en una conspiración de dimensiones inabarcables. Esas pistas suelen llegar de la mano de personajes que van apareciendo como por arte de magia, como si la película se estuviese burlando de esos relatos policíacos en los que los detectives parecen seguir un rastro previamente dispuesto en lugar de resolver el caso gracias a sus propias habilidades. Cada nuevo personaje le propone a Sportello una misión más complicada que la anterior y al cabo de los minutos somos conscientes de que poco tiene que ver ya la situación en la que se encuentra el personaje con el punto de partida. Todo parece estar dispuesto para el progreso del caso y sin embargo no hace sino complicarlo, lo que ayuda a reforzar la sensación de paranoia en la que el uso de ciertas drogas ha sumido al protagonista.

Cierto sector del público suele adscribirse al dogma de que una buena película es aquella que transmite sentimientos. En ese sentido la capacidad de Anderson para contagiar el estado de paranoia debería ser suficiente motivo de celebración. Sin embargo aquellos espectadores que se acerquen a Puro vicio desde una perspectiva puramente argumental probablemente se encuentren desamparados. El continuo desfile de personajes, a cada cual más extraño y magnético, está acompañado por las conversaciones que éstos mantienen con Sportello, en diálogos densos y elaborados que aportan más información de la que podríamos digerir. De hecho no es la intención de Anderson que la asimilemos, y pronto descubrimos que esa información no es necesaria para seguir el transcurso de la trama. Es entonces cuando nos entregamos a la corriente de esas palabras que nos arrastran al mundo de la película: un mundo en el que todo está conectado y a la vez aislado y donde las grandes conspiraciones secretas parecen haber estado siempre a plena vista.

inherent 3

Anderson acostumbra a jugar con los géneros, a mezclarlos y retorcerlos hasta que resultan en algo irreconocible y novedoso. En Puro vicio ese juego se extiende también al tono, dejando que el drama y el humor absurdo se intercalen sin miedo. Un intenso tiroteo finaliza con Sportello preguntando a su oponente ‘¿Te he dado?’, para continuar la escena con una dirección asfixiante propia de una película de terror. Ese continuo vaivén coloca al espectador siempre en terreno movedizo, sin permitirle tener un lugar seguro al que sujetarse, situándolo en el mismo estado de estupefacción que el protagonista. Por ello no es sorprendente que nos descubramos compartiendo su duda y torciendo el gesto de manera similar ante la aparición de un personaje, pudiendo pasar algunos minutos hasta que nos atrevamos a decidir si su presencia es real o no. Es en ese proceso en el que poco a poco vamos descubriendo las diferentes capas del filme, y lo que podía parecer un relato policíaco o una alocada comedia absurda inundada de drogas, acaba descubriendo una historia de amor en su núcleo.

Resulta estimulante descubrir que, a pesar de la ausencia de Puro vicio en la temporada de premios, las cualidades del cine de Paul Thomas Anderson continúan refinándose. Un cine capaz de crear imágenes como la que cierra estas líneas sin necesidad de regocijarse en ellas. Un cine que en su búsqueda de nuevos horizontes no duda en llevar al espectador lejos de su zona de comfort, para que decida por sí mismo afrontar lo extraño como una amenaza o como un estímulo. Al fin y al cabo, a pesar de lo que nos quieran hacer creer, la historia del cine no la escriben los premios, sino esas películas que se atreven a caminar hacia lo inexplorado.

Inherent 4

Etiquetado , , , , , , , ,

Her: presencias y espacios

Her, la última película de Spike Jonze, ha recibido numerosas alabanzas por parte de la crítica en su carrera comercial junto a una buena cosecha de nominaciones y premios que se suceden durante esta época del año. La sinopsis estándar dirá que Her cuenta la historia de Theodore, un escritor que se enamora de un Sistema Operativo inteligente llamado Samantha, pero sin embargo el discurso de la película abarca muchos temas más allá de este planteamiento. Obviamente se habla del amor, la pareja y la evolución que se produce en este ámbito, pero también sobre el individuo y sus interacciones, tanto con otras personas como con el espacio que le rodea, sugiriendo la cuestión de dónde se encuentra el límite entre la persona y el conjunto: hasta qué punto podemos aislarnos del resto o incluso abandonar nuestra individualidad al relacionarnos con otros. Son precisamente estos aspectos y su relación con la puesta en escena de la película lo que me resulta más interesante y sobre lo que centraré el texto, que inevitablemente contiene aspectos de la trama de la película.

Durante la película Theodore interactúa con diferentes personajes y vale la pena prestar atención a cómo el tipo de plano y encuadre varía según su relación con ellos. El ejemplo más evidente quizás sea el del personaje de Amy, interpretado por Amy Adams, su vecina y amiga. En los primeros compases Amy vive con su novio Charles, por lo que se presenta principalmente a través de planos medios, con una cierta distancia debido a la necesidad de incluir a su pareja en el encuadre. Podría decirse que fuesen un sólo ente y deben presentarse siempre en compañía, impidiendo la intimidad entre Theodore y Amy. Hay un breve momento en el que ambos conversan a solas, aún con un plano medio, pues en cuanto van a comenzar a hablar de cuestiones más personales aparece Charles, desapareciendo esa sensación de cercanía y dando paso a otra conversación, como si la anterior nunca hubiese existido.

Amy 1

Posteriormente Amy acaba su relación con Charles y desde ese momento se produce un progresivo acercamiento entre Theodore y ella mientras se afianza su amistad. Esto se refleja en la utilización de primeros planos en sus conversaciones, utilizando encuadres que los presentan como iguales, o incluyéndolos a ambos en un mismo plano pero respetando su individualidad, quedando uno fuera del enfoque. Esta cercanía se va cimentando hasta llegar al plano final donde se revierten algunas de éstas constantes. Ambos están juntos, permitiéndose incluso el contacto físico, pero se les presenta desde un plano alejado que nos permite ver la gran cantidad de espacio que hay a su alrededor. De esta manera parecen haber salido de una burbuja, donde la cercanía y la intimidad ya no limitan el espacio de cada uno.

Amy 3

Esa imagen contrasta directamente con la cita a ciegas que tiene Theodore durante la película con una chica interpretada por Olivia Wilde. La cena se resuelve mediante un habitual intercambio de sencillos planos y contraplanos. Ambos se están conociendo y se muestran desinhibidos y naturales. Sin embargo tras la cena pasan a intimar más hasta besarse apasionadamente en la calle. La cercanía física entre ambos, algo que parecen desear, se refleja en la manera de rodar, utilizando primeros planos muy cercanos en los que la cámara parece estar a punto de interponerse entre ambos en busca de la cercanía al rostro. Esto hace que apenas quede espacio para otra cosa que no sean sus rostros, produciendo una sensación de agobio que da al espectador una pista de lo forzado e incómodo de la situación, advirtiendo que la situación no es tan idílica como puede parecer  y algo no marcha bien entre ambos, como demuestra la resolución de la escena.

Olivia

Pero sin ninguna duda  la relación más cercana y sincera es la que desarrolla Theodore con Samantha, a pesar de que ella no sea un ser humano. Ambos hablan continuamente contándose sus intimidades, miedos y deseos más profundos, sin que parezca haber secretos entre ellos.  Uno de los momentos cumbre de la película llega cuando ambos tienen su primera relación sexual, obviamente no de manera ortodoxa sino mediante una conversación. El tono de la conversación va aumentando hasta que la pantalla funde a negro y nos quedamos a solas con sus voces. No hay espacio en el que integrarse ni presencia física de ambos, y sin embargo parecen haberse fundido junto con la pantalla. Alcanzan así la intimidad definitiva, sin nada que pueda limitarlos pues todo queda al servicio de la imaginación. Un hermoso gesto para definir una gran historia de amor.

Samantha

Etiquetado , , , , ,

Bienvenidos a Reencuadres

Aquí comienza la andadura de un nuevo proyecto, un blog enfocado hacia el cine, temática que quedaba algo descolgada en mi anterior blog. De antemano aviso que aquí no encontraréis noticias sobre rodajes, rumores de proyectos futuros o incluso los últimos trailers o posters promocionales de los grandes proyectos de Hollywood, para eso ya hay muchísimas páginas en la red. El objetivo de este sitio será aportar mis reflexiones sobre películas, o incluso sobre detalles concretos de éstas, así como sobre todo lo que rodea al cine. En resumen, intentaré abordar las películas desde otra perspectiva, compartir mis reencuadres.

No diré que voy a hacer crítica de cine, pues creo que ese es un concepto muy desvirtualizado en la actualidad, pero ese tema será objeto de un próximo post. Por lo pronto he añadido tres textos (sobre Holy Motors, Argo y la influencia de la información en el cine actual) que había colgado anteriormente en otros lugares y que son reflejo del enfoque que intentaré abordar en el futuro. Espero que os interesen mis reencuadres y que volvamos a vernos por aquí. Hasta pronto.

Etiquetado ,

Una mirada a Holy Motors

Holy Motors, la nueva y controvertida película de Leos Carax es una de esas rara avis que es a la vez una golosina y un reto para el crítico de cine. Al terminar su visionado las grandes escenas, los descubrimientos y las ideas que sugiere se agolpan en la cabeza, buscando su hueco para ser expresadas, y sin embargo el problema llega al intentar construir un texto bien articulado sin tener la sensación de estar dejando algo atrás, de no hacer justicia al trabajo de Carax. Durante el metraje un personaje argumenta que el cine y su belleza están en la mirada del espectador, así que me permito apuntar una de las muchas miradas posibles a ese mecanismo que es Holy Motors.

 

La película arranca con su director, Leos Carax, despertando en una habitación a oscuras en medio de la noche. A tientas llega hasta una pared que esconde una puerta, y a través de ella accede a una sala de cine. El público está en silencio, impasible, casi podría decirse que no tienen ojos. Carax, con aspecto visiblemente cansado, observa desde las alturas la situación mientras un niño pequeño avanza hacia la pantalla con los brazos abiertos, como si fuera al encuentro de su madre. Mientras tanto aparece otra poderosa imagen, una figura amenazante avanza entre las sombras de la sala, su silueta y respiración nos hacen temer lo peor, pero pronto descubrimos que la bestia se trata de un perro de aspecto bonachón y algo cansado. De repente la silueta nos parece una figura dócil. El anciano agotado, el niño entusiasmado y la fiera entre las sombras, juntos en una sala de cine. Una maravillosa metáfora de los planteamientos que expondrá la película.

 

 

Sin duda es muy difícil clasificar Holy Motors dentro de algún género, pues es una película que juega en su propio terreno y casi diríamos que crea sus propias reglas, sin embargo en las dos ocasiones que la he visto me ha dejado el sabor de un cuento de ciencia ficción, situado en un tiempo en el que “las cámaras son tan pequeñas que ya no se ven” dónde todo es cine, y por tanto, ya nada es cine. Monsieur Oscar, el protagonista, se pasa la vida interpretando personajes y haciendo papeles en los que incluso se deja la vida, como si de una continua película se tratara. En ese mundo en el que todo lo que nos rodea es una ficción ¿qué queda como entretenimiento? En un momento de descanso, mientras Oscar está comiendo, lo que observa a través de una pantalla es la calle que recorre con su limusina. Están tan saturados de ficción, de historias imposibles y revelaciones inesperadas, que la alternativa es observar el mundo que nos rodea sin más. Sin embargo, en otro momento del film, para apreciar la belleza del entorno deben recurrir a filtros infrarrojos o de visión térmica. Incluso los sueños tienen aspecto de vídeo, así de infiltrado está el artificio.

 

Durante el metraje Oscar interpreta a varios personajes y vive sus correspondientes historias, en una sucesión que hace que el espectador nunca pise suelo firme, pues cuando cree haber comprendido los mecanismos de la historia, Carax es capaz de sorprender de nuevo. Las representaciones en las que se involucra Oscar nos recuerdan la grandeza del cine pues nos brinda la posibilidad de vivir mil vidas que nunca serán nuestras y a la vez nos permite vivir mil veces una misma historia. Sin embargo Oscar no parece apreciar esa grandeza, y pasa por esas historias como un simple acto mecánico.

 

Nos encontramos pues ante una historia profundamente triste, pesimista e incluso melancólica. Carax parece estar preocupado porque la continua expansión e infiltración del cine en el tejido de nuestra realidad acaben por convertirlo en algo anodino, que aniquilen esa sensación de maravilla que siempre lo ha caracterizado, por culpa de aquellos que han pretendido domesticar a la bestia que es el cine. Carax utiliza esa sensación de cansancio y repetición como motor para alcanzar la renovación y el descubrimiento, creando una película que muta a cada paso e incluso se transforma en cada visionado. De esta forma la historia pesimista se convierte en la prueba de que el cine aún tiene mucho que decir y que, al igual que Oscar, aunque parezca caer muerto siempre es capaz de volver a levantarse. Finalmente el anciano cansado vuelve a ser el niño ilusionado y la fiera regresa a las sombras, más amenazante que nunca.

 

Etiquetado ,