64 Festival de San Sebastián: Jornada 6

Llegamos en este sexto día de festival a una jornada un tanto atípica, en la que nos alejamos de la sección oficial para sumergirnos en dos películas de secciones paralelas, ambas de extensa duración que no dejaron espacio a nada más en nuestro menú diario. Dos películas que demuestran que en ocasiones se debe plantar cara a la tiranía del circuito comercial y cuestionar ciertas costumbres del público para plantear propuestas novedosas y estimulantes.

La primera de estas películas llegó desde Rumania tras haber pasado por Cannes cosechando muy buenos comentarios. Sieranevada (Cristi Puiu) utiliza un encuentro familiar como lienzo para retratar las múltiples caras de un país que quiere abrirse al resto del mundo sin perder de vista sus tradiciones, pero a la vez se muestra algo avergonzado de su identidad. Puiu domina la puesta en escena en un espacio reducido abarrotado de personajes con relaciones muy diferentes que se van desplegando progresivamente. Los recursos formales utilizados varían desde el plano secuencia a los largos planos estáticos con barridos, adaptándose a la necesidad de cada escena y consiguiendo así una admirable sensación de dinamismo. Decir que se trata de una comedia familiar sería en extremo simplista, pues a pesar de las risas que llenaron la sala, la mirada política y social, así como el tono ácido con el que se presenta, dotan a Sieranevada de una entidad mucho más compleja.

sieranevada_fotopelicula_11231

A continuación fue el turno de Lav Diaz, que tras ganar en Venecia con The Woman Who Left llegó a San Sebastián con su trabajo anterior, A Lullaby to the Sorrowful Mystery, película que funciona a modo de exorcismo a propósito de la convulsa historia de filipinas, un país construido sobre traiciones, cuentos y leyendas. Diaz entremezcla figuras históricas de la revolución filipina con otros extraídos de la obra de José Rizal para dar forma a unos personajes que parecen ser conscientes del papel que juegan en la historia. Con una fotografía en blanco y negro muy contrastada que potencia el lirismo de sus imágenes y una composición de plano casi pictórica se compone esta canción llena de dolor, que es a la vez búsqueda del pasado y advertencia de cara a no repetir errores en el futuro. A veces reabrir viejas heridas es la única manera de darlas por cicatrizadas.

lullaby

 

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