Archivos Mensuales: julio 2016

Esa Sensación

Si quisiéramos elaborar una especie de receta del humor, podríamos concluir que se compone de una delicada mezcla de lo cotidiano y lo inesperado. La ruptura de las expectativas frente a determinadas situaciones son el desencadenante de la risa y por tanto la base del humor. Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando plantean en Esa Sensación una especie de hibridación de este concepto, con tres propuestas que se acercan al humor desde puntos de partida totalmente alejados de lo cotidiano pero a la vez incluyéndolo en su discurso.

Quizás el ejemplo más claro corresponde al segmento realizado por Cavestany, en el que una suerte de virus hace que las personas infectadas digan o hagan cosas que van en contra de las convenciones sociales más elementales. La sensación de extrañamiento inicial va dejando paso a la risa mientras se suceden las situaciones en que el virus aflora, sin que pueda existir ningún tipo de anticipación a la forma en que lo hará. Visto en retrospectiva, esas rupturas de la cotidianidad se entienden como algo más que estallidos de humor, sino que contienen reflexiones sobre esas convenciones sociales y permiten plantearse cuál es su origen, validez y hasta qué punto suponen el tejido conectivo de una comunidad.

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Pablo Hernando propone un relato en torno a una mujer que se enamora de objetos, con los que mantiene relaciones sentimentales, incluyendo el componente más físico de las mismas. A pesar de este punto de partida tan alejado de la realidad se alcanza cierta empatía con la protagonista, de repente su mundo no resulta tan extraño e incluso podemos anticiparnos a los hechos que acontecen. Es de esa manera como se llega al humor, que surge de la alquimia entre lo cotidiano y lo anómalo. Y por si esto no fuese un logro suficiente, cuando ese tono cómico parece haberse establecido de forma natural, el relato vira hacia tintes dramáticos.Ya no observamos la historia de esa chica desde la distancia, estamos involucrados e incluso podemos sentirnos identificados. Se plantea así la duda de qué es realmente ‘lo extraño’. ¿No somos todos acaso bichos raros dentro de una serie de normas socialmente aceptadas?

Durante el metraje perteneciente al fragmento de Génisson, un personaje compara el hecho de descubrir la fe cristiana con el de empezar a ir al gimnasio. Al principio todo es extraño y te limitas a repetir lo que hace el resto de feligreses, con el paso del tiempo te acostumbras a la dinámica hasta que llegado un momento dejas de plantearte lo racional de tus actos y pasas a ser uno más de la comunidad. Quizás esta sea la mejor definición del mecanismo de la propia película, en la que lo cotidiano se abre paso entre los mimbres del surrealismo hasta el punto de desdibujar sus límites, a través de un ejercicio de puro acostumbramiento. La propia naturaleza de la película, compuesta por tres relatos, de tres directores diferentes y sin relación evidente, reafirma el concepto que unifica el conjunto: el desafío de lo establecido, la puesta en duda de la normalidad como pasos elementales para alcanzar el cambio.

 

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