Archivos Mensuales: noviembre 2014

Magical Girl

De entre los abundantes textos publicados desde el estreno de Magical Girl, muchos coinciden en adjudicar a su director Carlos Vermut el sustantivo de prestidigitador, en lo que podría interpretarse como un fácil juego de palabras a propósito del título de su segundo film. Pero si atendemos a las estrategias utilizadas por el director madrileño nos damos cuenta de que el nombre resulta más adecuado de lo que podría parecer a priori. Ya desde la primera escena, ese prólogo en el que una joven Bárbara hace desaparecer una nota ante la mirada de su profesor, Vermut hace su primer juego de manos poniendo en juego la magia con una acepción diferente a la de las magical girls del manga que dan título a la película y que funcionan como la chispa que pone en marcha la trama.

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Sin embargo la labor de un mago va más allá de ese gran truco que sorprende y maravilla al espectador, pues para llegar a ese momento el prestidigitador debe ser capaz de cautivar y dirigir la mirada del público hacia aquello que él desea, al igual que debe hacer un director de cine. Carlos Vermut no es ajeno a ésto y en Magical Girl nos encontramos con un buen ejemplo de su saber hacer al respecto, ilustrado en una secuencia aparentemente sencilla. Luis va a salir de su casa, en la búsqueda de algo de dinero para cumplir el sueño de su hija Alicia, enferma de leucemia. Al pasar por la cocina Alicia le pide que espere un momento, haciéndose el silencio sólo interrumpido por la música que emite la radio. Luis se desespera y Alicia le responde que se olvida el móvil. Es entonces cuando el encuadre baja hasta mostrarnos el teléfono, que había sido excluido hasta el momento. Luis coge su teléfono y se marcha finalmente, momento en el que suena un mensaje en la radio, que resulta ser el verdadero motivo por el que Alicia le hacía esperar.

Una decisión tan sencilla como la de mantener el móvil fuera del encuadre hasta ese momento es clave en el funcionamiento de esta escena. Si hubiese estado presente desde el comienzo, la mirada del espectador se hubiese dirigido inevitablemente hacia él y hubiese intentado anticipar su función, pues sería imposible que Luis no lo estuviese viendo. De esta manera su inclusión mediante el movimiento de cámara Vermut desvía nuestra atención, haciéndonos creer que ese es el verdadero motivo por el que Alicia le hace esperar, consiguiendo que la resolución de la escena provoque la buscada sensación de sorpresa y desasosiego.

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Pero la función de ese teléfono no queda ahí, pues el detalle del olvido de Luis resulta tener una importancia vital en la resolución de la película. Es indiscutible que el cine de Carlos Vermut se construye en torno a un concienzudo trabajo sobre el guión. Al igual que el mago construye su espectáculo en torno a una estudiada planificación de la puesta en escena, Vermut se preocupa de regar la película de pistas y reflejos en su trama que refuercen la estructura en su conjunto. En ocasiones esto puede jugar en su contra y ser también motivo de debilidad del mecanismo, causando una curiosa paradoja. Es el caso de la estructura circular de Magical Girl, que comienza y acaba con la misma situación en la que se invierten los papeles, consiguiendo una rima que si bien resulta cautivadora y coherente con el universo que plantea la película, no deja de hacer visible la mano del autor en la búsqueda de ese momento sublime, como si todo lo sucedido estuviese supeditado a poder alcanzar esa situación. Una vez más el espectador se sitúa en la misma posición que si asistiera a un espectáculo de magia, en el que a pesar de conocer el desenlace y que los mecanismos no son del todo justos, no puede sino entregarse a la fascinación y disfrutar el resultado final.

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Una película, un fotograma: Memories of Murder

Retomamos esta sección de la web a propósito de la fantástica película que Bong Joon-ho dirigió en el año 2003, cinta fundamental en la reformulación del thriller policíaco al uso, cuya senda continuaría David Fincher en Zodiac. El director coreano explora, a través de la investigación de una serie de asesinatos, las diferentes metodologías de investigación de los policías y cómo la evolución del caso les afecta a ellos y al pueblo en el que suceden. Por el camino Bong Joon-ho juega con las convenciones del género, casi como si lo quisiera poner a prueba, dando como resultado una película de calidad e importancia indiscutible.

En esta ocasión no he seleccionado una sola imagen, pues el motivo de este post se debe más a la magia del montaje. El choque de dos imágenes que produce un nuevo significado y a la vez sintetiza las intenciones y hallazgos del film. En el tramo final de la película se produce un asesinato en el bosque. La víctima, tumbada en el suelo, alza la vista hacia el asesino y sucede lo siguiente.

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En lugar de mostrarse al espectador el contraplano esperado, ese que desvele la identidad del asesino, se encuentra con el policía que le sigue la pista, mostrando la angustia y el desasosiego en su rostro al saber que el asesinato podría estar produciéndose en ese momento. Así el director deja bien claras sus verdaderas intenciones, pues no está interesado en la captura del criminal o en revelar su identidad siquiera. El foco del drama está situado en los policías y cómo les afecta el caso, el resto es sólo accesorio. Este contraplano a su vez sugiere la idea de que el policía podría considerarse el verdugo, al no haber sido capaz de capturar al asesino. Al fin y al cabo así es como él debe sentirse.

Un gran ejemplo de ese montaje que habla, siendo un elemento más de la construcción del discurso, dentro de una película que bien vale revisitar en varias ocasiones.

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