Así nos va (Vol. 11)

Cuando ya confiaba en haber desterrado esta sección para siempre, vuelvo a toparme con una de esas perlas de los grandes cinéfilos de las redes que una vez más son sintomáticas de la relación que se mantiene actualmente con el cine y cómo esto influye en la oferta que recibimos. El elemento en cuestión es el siguiente tweet.

Así nos va tortugas

Sinceramente, tuve que leerlo un par de veces para asegurarme de que no era irónico, pues por más que me esfuerzo no encuentro ninguna característica positiva entre las enumeradas. No dejo de sorprenderme, a pesar de lo vivido este verano con Los guardianes de la galaxia, de que tantas personas sigan viviendo el cine con una mirada tan marcadamente nostálgica. Evidentemente todos guardamos un bonito recuerdo de las películas que veíamos de niños, pero el engrandecer películas actuales porque nos recuerden a aquellas resulta un tanto peligroso. Si elogiamos las características que encontrábamos en las películas durante nuestra infancia, ¿no significa eso que no hemos sido capaces de crecer? Es como si se pretendiera congelar el cine en un periodo determinado, cuando precisamente la labor crítica debería impulsar el progreso del arte cinematográfico, agradeciendo las películas que supongan una evolución del medio de expresión.

Pero mi sorpresa continúa al seguir el hilo del tweet, cuando otro usuario le pregunta la nota que le da a la película, el primero responde que un 6, para alegría del segundo pues es “lo que esperaba encontrarse”. De aquí podemos deducir dos cosas que me producen una profunda tristeza. La primera es que parece ser inútil dedicar ninguna clase de esfuerzo a escribir sobre cine, pues al final lo que le interesa al público son las valoraciones numéricas, que parece ser tienen un valor universal. La segunda es la confirmación de que las expectativas mandan sobre la percepción que se tiene de las películas hoy en día. Definitivamente estamos ante la fiesta de la subjetividad.

Todo esto no me resultaría nada preocupante de no ser por la época en la que nos encontramos, una en la que las barreras entre crítica y público parecen haberse difuminado. No es raro encontrarnos con campañas publicitarias basadas en comentarios o tweets de espectadores anónimos que nada tienen que ver con el ejercicio de la crítica. Mediante éste hábil movimiento de las distribuidoras no se busca otra cosa que anular las voces de la crítica. Si las recomendaciones llegan desde espectadores para espectadores se fomentará (aún más si cabe) el crecimiento del cine puramente comercial y en última instancia se conseguirá ese objetivo de congelar la evolución del cine en aquello que agrade al gran público. Puede que esté siendo excesivamente pesimista, pero lo que encuentro en mi entorno no me anima a pensar de otra manera.

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