A propósito de Fargo

Ésta es una historia real. Los eventos narrados en esta película sucedieron en Minnesota en 1987. A petición de los supervivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los fallecidos, el resto ha sido contado tal y como sucedió.

Con este texto da comienzo Fargo, la película que dirigieron en 1996 los hermanos Coen y que supuso uno de los mayores éxitos de su carrera, tanto a nivel de crítica como de público, y ha mantenido su estatus de película de culto a lo largo del tiempo. En el momento de su estreno nadie puso en duda la veracidad de ese texto inicial, sin embargo posteriormente los hermanos reconocieron que la historia real no era tal, pues se habían inspirado en una noticia pero los detalles y los personajes habían sido inventados por ellos. De esta manera el letrero se convertía en una herramienta de los directores para suspender la incredulidad del espectador, facilitando su implicación con los personajes que estaban a punto de conocer. Una muestra más del curioso sentido del humor y saber hacer de estos directores de Minnesota.

Con un texto muy similar, cambiando 1987 por 2006, comienza cada capítulo de la serie Fargo, emitida por la cadena FX durante el año 2014. La serie, que cuenta con los hermanos Coen en la producción ejecutiva, se basa levemente en la película a la que debe su nombre, tomando prestados el punto de partida y algunos peronajes, pero rápidamente se aleja de la obra original. Por supuesto la trama tampoco se basa en una historia real, es otro detalle más que toma de su referente, manteniendo la broma prácticamente intacta. Sin embargo la serie escrita por Noah Hawley está salpicada por innegables influencias de todo el cine de los hermanos Coen, a nivel general por el tipo de humor de que hace uso, sus personajes patéticamente desesperados o las ocasionales referencias bíblicas. También podemos detectar detalles más concretos que podríamos considerar referencias, como el personaje interpretado por Billy Bob Thornton, que recuerda inevitablemente al Anton Chigurh al que dio vida Javier Bardem en No es país para viejos, o el estúpido pero ambicioso monitor deportivo de la serie, que guarda algún que otro paralelismo por el interpretado por Brad Pitt en Quemar después de leer.

billy bob

Sin embargo, como hemos señalado, poco tiene que ver la serie con la película homónima y estos detalles se quedan en eso, simples referencias que no consiguen dar una sensación de unidad al resultado final, ya que incluso llegan a producir el efecto contrario, dando la impresión de encontrarnos ante un pastiche sin identidad propia. Porque ese es precisamente el mayor problema con la serie Fargo, que carece de personalidad pero a la vez tampoco llega a parecerse a su hermana mayor, ya que lo que en el cine de los Coen se resuelve mediante agridulces casualidades o simples malentendidos, aquí se complica ante la gran cantidad de líneas argumentales y personajes que deben de sostener las casi 10 horas de duración de la serie. Esto es sin duda herencia directa de uno de los mayores problemas de la industria televisiva actual que se ha transmitido al público, la errónea concepción de que más es mejor. Esa idea que lleva a creer al guionista que es necesario relatarnos 4 capítulos más tarde, en forma de flashback, cómo llegó un arma al lugar donde se encontraba en el primer episodio justo antes de ser utilizada. Ante esta situación cabe plantearse qué necesidad había de llamar a la serie Fargo, más allá de para asegurarse una cuota de espectadores en su estreno, máxime cuando se ha confirmado que la serie continuará su andadura en forma de antología, recogiendo una trama y unos personajes diferentes en su segunda temporada.

kumiko

Un ejemplo muy diferente es el de la película Kumiko, the Treasure Hunter, que recibió el premio especial del jurado y el del público en el pasado Festival internacional de Las Palmas de Gran Canaria. La película dirigida por David Zellner y escrita junto con su hermano Nathan, cuenta la historia Takako Konishi, una chica japonesa que fue hallada muerta en Minesotta en el año 2001, y según cuenta la leyenda urbana iba en la búsqueda del maletín con dinero que aparece en Fargo. Kumiko arranca también con un letrero que reza “Ésta es una historia real”. Sin embargo es el texto de la propia película de los Coen, con los artefactos propios de la cinta VHS que encuentra la protagonista. De esta manera, aunque se cuenta la historia real de esta chica japonesa, no se hace especial hincapié en ello y se trata como un elemento más dentro del film. La película comienza en Japón, presentando el día a día de la protagonista, dejándose influenciar por el estilo propio de las películas costumbristas orientales, especialmente de su humor. Pero a medida que comienza el viaje hacia Minesotta, la película se va empapando del estilo de los Coen, haciendo que el humor y las casualidades como motor de la trama hagan acto de presencia sin ningún rubor. De esta forma el resultado final es un trabajo interesante que a pesar de tomar a la obra de los Coen como base inevitable, lo hace de manera inteligente, consiguiendo construir un discurso diferente y con personalidad propia sin necesidad de vampirizar el trabajo de otros.

A modo de curiosidad, incluyo el pequeño documental de Paul Berczeller, This is a true storyen el que analiza la historia de Takako, buscando separar la historia real de la leyenda urbana. Una buena forma de cerrar el texto e invitar a la reflexión sobre el uso de las “historias reales” en el cine.

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