Archivos Mensuales: febrero 2014

Gente en sitios

Gente en sitios, la última película de Juan Cavestany, es algo para lo que difícilmente se está  preparado antes de su visionado. Aún conociendo la estructura y tono de la película, tiene la capacidad de, en sus apenas 80 minutos, encontrarte con la guardia baja en un par de ocasiones. Cuando crees haber entendido el tipo de humor con el que juega, aparece un segmento ambiental, desconcertante e incluso agobiante, para luego permitir la irrupción del más puro surrealismo. Quizás es la representación cinematográfica de eso que llaman posthumor. Cavestany nos presenta un abanico de situaciones aparentemente inconexas, pero que en su conjunto nos plantea unas ideas sobre las que reflexionar. Un interesante reto que vale la pena aceptar, como espectador y como crítico.

Gente en sitios es una película hija de su tiempo, y se asienta sobre dos conceptos muy actuales: el cine low-cost y la búsqueda de inmediatez a la que parecen someternos las redes sociales. Internet parece haberse convertido en un debate infinito, una masa de información que crece cada día donde la única manera de hacernos notar es llegando antes que el resto. Consumimos productos con la mayor rapidez posible para poder plasmar una reflexión antes de que se le ocurra a cualquier otro. Y así seguimos alimentando a la bestia sin plantearnos realmente hasta qué punto es necesaria nuestra aportación.

El hecho de que hoy en día cualquiera pueda grabar, debido al abaratamiento de la tecnología, permite que este mismo principio se pueda aplicar en el medio audiovisual. ¿Por qué no rodar esas ideas fugaces que pasan por nuestra mente? ¿Hasta qué punto hay que elaborarlas para que tengan entidad propia? O lo que es lo mismo, ¿cómo saber qué ideas pueden tener validez y por tanto merecen nuestro tiempo? Sobre estas cuestiones parece reflexionar Cavestany a medida que desarrolla la película, con propuestas que se desechan a medida que se crean y otras que van creciendo al reaparecer, mutando incluso en formas inesperadas.

Gente

Gente en sitios nos permite aún otra reflexión, válida para el medio y nuestro día a día. Todos los personajes que aparecen transpiran una cierta desesperación y agotamiento, lo que unido a la estructura en forma de fragmentos inconexos, representando momentos únicos de sus vidas como si no hubiese nada que destacar del resto, sirven como un interesante reflejo de la realidad que se vive en nuestro país actualmente. Por otro lado nos sugiere la duda de hasta qué punto es necesaria la presencia de una trama o el desarrollo de una historia, ¿por qué no ir pasando de un clímax a otro, buscando ese momento en que lo cotidiano y lo extraordinario chocan de manera frontal?

Muchos son los que abrazan Gente en sitios como el gran descubrimiento del nuevo cine español. Yo quizás no me atrevería a decir tanto, pero una película tan libre y que llevando la fugacidad como bandera en su estructura consigue quedarse en nuestra cabeza para provocar ciertas reflexiones, es algo muy a tener en cuenta en nuestros días.

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Sobre el plano secuencia

Esta semana el público se ha rendido una vez más ante la nueva serie de éxito de HBO: True Detective. A principio de semana parecía que en internet no se hablaba de otra cosa, como empieza a ser tradición (aunque pueda jugar en su contra). Pero esta vez la cosa era un poco diferente, pues la mayoría de los comentarios giraban en torno al plano secuencia de 6 minutos del final del episodio y casi daba la impresión de que no hubiese pasado otra cosa en los más de 50 minutos del episodio, o que éste fuese bueno sólo por ese detalle final. Incluso me he encontrado a personas alabándolo como la mejor escena que han visto en su vida y parecían haber descubierto ese recurso al ver el episodio, cosa que tampoco me sorprendería en vista de la cantidad de personas que están descubriendo el cine o lo que puede ofrecer el lenguaje cinematográfico a través de las series de televisión actuales. La cuestión es que la saturación en torno al susodicho plano me ha llevado a escribir un texto intentando poner algunas cosas en perspectiva, aunque ya apunté algunas ideas sobre el plano secuencia en el texto sobre Gravity.

Ante todo dejar claro el concepto de que el plano secuencia es un recurso, como tantos otros de los que dispone un director, y como tal tiene sus propias funciones. Puede utilizarse tanto en pequeñas producciones para disimular la falta de medios y darle más fuerza a una historia sencilla, o en películas respaldadas por grandes estudios donde se sacan a relucir los decorados y sets, habitualmente con gran cantidad de actores y extras junto a un enorme trabajo de planificación que requiere de un gran equipo y muchas horas de ensayo. A nivel narrativo el plano secuencia sirve para mantener la tensión y la intriga, al respetar el tiempo real en el que transcurre la acción y mostrando de forma natural las interacciones entre personajes o de éstos con el entorno.

Por otro lado, al ser un plano poco habitual suele llamar la atención del espectador, teniendo el efecto contraproducente de sacarlo momentáneamente de la narración. Sin embargo lo más común es que el espectador al detectarlo y ser consciente del esfuerzo técnico que supone, lo admira por el simple hecho de ser un plano secuencia y se producen respuestas entusiastas ante planos sin verdadero sentido narrativo (sirva como ejemplo éste de la película Expiación de Joe Wright). Personalmente siempre prefiero un plano secuencia que pase desapercibido, o que al menos no parezca gritarte a la cara ‘Eh, mira lo que estoy haciendo, soy un virtuoso’.

Con lo cual cabe plantearse cuánto hay de necesario en el plano secuencia de True Detective y cuánto de exhibicionismo. En este caso nos encontramos con una utilidad narrativa en cuanto a que ayuda a transmitir la tensión del asalto y la sincronización de sus movimientos, así como la distribución de la casa y los habitantes del barrio mientras la cámara sigue al personaje de Matthew McConaughey. Pero esto se diluye con el paso de los minutos derivando en una sensación de ‘a ver cuánto podemos aguantar el plano’ que culmina en el momento en que ambos pasan por encima de la verja y la cámara los acompaña. Entonces es inevitable preguntarse cómo han hecho eso, salimos de la narración para plantearnos los aspectos técnicos y por tanto ya no estamos presos de esa tensión que se pretendía lograr con el plano secuencia.

El factor exhibicionista se confirma al leer declaraciones de Cary Fukunaga, director de la serie, donde dice que desde antes de comenzar a rodar la serie sabía que quería incluir un plano secuencia en algún momento, como había hecho en sus anteriores trabajos (ha dirigido las películas Jane Eyre y Sin Nombre) y que fue al leer el guión del episodio cuando decidió que ese era el momento. Por lo tanto se está supeditando la utilización del recurso no a las necesidades del relato, sino a unas ideas preconcebidas por el autor, buscándose el momento que sirva como excusa para hacer gala de virtuosismo. En definitiva, nos encontramos ante un ejemplo que aúna las virtudes y los defectos que suelen acompañar a este recurso cinematográfico.

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Her: presencias y espacios

Her, la última película de Spike Jonze, ha recibido numerosas alabanzas por parte de la crítica en su carrera comercial junto a una buena cosecha de nominaciones y premios que se suceden durante esta época del año. La sinopsis estándar dirá que Her cuenta la historia de Theodore, un escritor que se enamora de un Sistema Operativo inteligente llamado Samantha, pero sin embargo el discurso de la película abarca muchos temas más allá de este planteamiento. Obviamente se habla del amor, la pareja y la evolución que se produce en este ámbito, pero también sobre el individuo y sus interacciones, tanto con otras personas como con el espacio que le rodea, sugiriendo la cuestión de dónde se encuentra el límite entre la persona y el conjunto: hasta qué punto podemos aislarnos del resto o incluso abandonar nuestra individualidad al relacionarnos con otros. Son precisamente estos aspectos y su relación con la puesta en escena de la película lo que me resulta más interesante y sobre lo que centraré el texto, que inevitablemente contiene aspectos de la trama de la película.

Durante la película Theodore interactúa con diferentes personajes y vale la pena prestar atención a cómo el tipo de plano y encuadre varía según su relación con ellos. El ejemplo más evidente quizás sea el del personaje de Amy, interpretado por Amy Adams, su vecina y amiga. En los primeros compases Amy vive con su novio Charles, por lo que se presenta principalmente a través de planos medios, con una cierta distancia debido a la necesidad de incluir a su pareja en el encuadre. Podría decirse que fuesen un sólo ente y deben presentarse siempre en compañía, impidiendo la intimidad entre Theodore y Amy. Hay un breve momento en el que ambos conversan a solas, aún con un plano medio, pues en cuanto van a comenzar a hablar de cuestiones más personales aparece Charles, desapareciendo esa sensación de cercanía y dando paso a otra conversación, como si la anterior nunca hubiese existido.

Amy 1

Posteriormente Amy acaba su relación con Charles y desde ese momento se produce un progresivo acercamiento entre Theodore y ella mientras se afianza su amistad. Esto se refleja en la utilización de primeros planos en sus conversaciones, utilizando encuadres que los presentan como iguales, o incluyéndolos a ambos en un mismo plano pero respetando su individualidad, quedando uno fuera del enfoque. Esta cercanía se va cimentando hasta llegar al plano final donde se revierten algunas de éstas constantes. Ambos están juntos, permitiéndose incluso el contacto físico, pero se les presenta desde un plano alejado que nos permite ver la gran cantidad de espacio que hay a su alrededor. De esta manera parecen haber salido de una burbuja, donde la cercanía y la intimidad ya no limitan el espacio de cada uno.

Amy 3

Esa imagen contrasta directamente con la cita a ciegas que tiene Theodore durante la película con una chica interpretada por Olivia Wilde. La cena se resuelve mediante un habitual intercambio de sencillos planos y contraplanos. Ambos se están conociendo y se muestran desinhibidos y naturales. Sin embargo tras la cena pasan a intimar más hasta besarse apasionadamente en la calle. La cercanía física entre ambos, algo que parecen desear, se refleja en la manera de rodar, utilizando primeros planos muy cercanos en los que la cámara parece estar a punto de interponerse entre ambos en busca de la cercanía al rostro. Esto hace que apenas quede espacio para otra cosa que no sean sus rostros, produciendo una sensación de agobio que da al espectador una pista de lo forzado e incómodo de la situación, advirtiendo que la situación no es tan idílica como puede parecer  y algo no marcha bien entre ambos, como demuestra la resolución de la escena.

Olivia

Pero sin ninguna duda  la relación más cercana y sincera es la que desarrolla Theodore con Samantha, a pesar de que ella no sea un ser humano. Ambos hablan continuamente contándose sus intimidades, miedos y deseos más profundos, sin que parezca haber secretos entre ellos.  Uno de los momentos cumbre de la película llega cuando ambos tienen su primera relación sexual, obviamente no de manera ortodoxa sino mediante una conversación. El tono de la conversación va aumentando hasta que la pantalla funde a negro y nos quedamos a solas con sus voces. No hay espacio en el que integrarse ni presencia física de ambos, y sin embargo parecen haberse fundido junto con la pantalla. Alcanzan así la intimidad definitiva, sin nada que pueda limitarlos pues todo queda al servicio de la imaginación. Un hermoso gesto para definir una gran historia de amor.

Samantha

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