Archivos Mensuales: octubre 2013

Así nos va (Vol. 7)

Esta semana, durante mi ruta habitual por distintas webs de noticias, me encontré con una que hablaba sobre el nuevo proyecto de Robert Zemeckis. Tras la noticia seguí hacia los comentarios (lo sé, sería mejor para mi salud dejar de leer comentarios) y me encontré con un interesantísimo debate en torno a los trabajos anteriores del director americano. Aquí está la captura del susodicho debate.

Así nos va 7

Supongo que este es el nivel de la capacidad de argumentación de internet hoy en día, especialmente en lo referente al cine. Un auténtico diálogo de besugos en el que cada uno habla sin escuchar al resto y a por otra cosa que no hay tiempo para más. Ni siquiera hay un mínimo intento de dialogar o poner en perspectiva los argumentos del interlocutor, sino que simplemente se enuncia la apreciación subjetiva como si de una verdad universal se tratase. Y si la cosa se complica, la situación se zanja con un sencillo “bueno, esa es tú opinión” y aquí no ha pasado nada. Si no somos capaces de ver más allá de nuestra propia opinión, difícilmente seremos capaces de profundizar en una película más allá de su visionado o incluso de buscar lecturas aparte de lo que vemos en pantalla.

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Ahora me ves…

Ahora me ves es el producto ideal de Hollywood. Un reparto lleno de caras conocidas (y bonitas a ser posible), una trama como excusa para que lluevan los efectos especiales y giros de guión y un director comodín como es Louis Leterrier. Los productores no tienen más que sentarse y esperar a que lleguen los millones. Ojalá estuviese bromeando y todo fuese más complicado que una simple fórmula, pero no hay más que mirar la taquilla y ver que ésta película sigue teniendo cuatro pases diarios tres meses después de su estreno para confirmar que el público sigue siendo atraído por este tipo de productos. Dejando éstas cuestiones aparte, tras ver la película me he planteado ciertas preguntas que bien podrían aplicarse a la gran mayoría de los blockbusters actuales.

¿Por qué la película parece estar rodada como si de una actuación musical televisiva se tratase? ¿Es la única manera de conseguir transmitir la tan deseada sensación de espectáculo? Así parece entenderlo Louis Leterrier, que dirige sin dejar la cámara quieta un instante, haciendo constantes movimientos en torno a los personajes y con malabarismos técnicos innecesarios. Un buen ejemplo es la escena en la que al entrar en un apartamento la cámara pasa a través del ojo de la cerradura, un recurso que no aporta nada y parece propio de un adolescente que acaba de ver La habitación del pánico y quiere imitar a David Fincher. Esto aderezado con un montaje en el que la duración media de los planos difícilmente alcanza los 20 segundos produce una sensación de aparatosidad y artificio que, a pesar de todo, no consigue esconder el hecho de que realmente no está pasando nada en pantalla.

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La película, siguiendo la estela de otras de temática similar como pueden ser El truco final o El ilusionista, intenta hacer propias las reglas del mundo que está representando: la magia. La cuestión es que el concepto de magia en Ahora me ves se reduce a la adición de unos efectos especiales espectaculares para mostrar trucos más cercanos a la saga Harry Potter o incluso a los mutantes de X-Men. Trucos imposibles por mucho que sean explicados paso a paso por personajes, que por otro lado no tienen ninguna manera razonable de conocer esos trucos. Una de las reglas que se repite en varias ocasiones durante el metraje es “sé la persona más lista de la sala”. ¿Significa eso lo mismo que “trata al público como si fuese estúpido en todo momento”? Sólo de ésta manera se explica la necesidad de mostrar todo en pantalla, ya sea para ilustrar los planes futuros o mediante flashbacks, o incluso creyendo que precisamente al mostrarlos en pantalla, el espectador está obligado a creerse el más rocambolesco de los planes.

Pero sin duda el toque de gracia está en el guión y esos giros que tanto gustan al espectador de a pie. La película dice guardarse un as bajo la manga, como todo buen mago, para dar el golpe de efecto en los últimos minutos. ¿Justifica la búsqueda de esa sorpresa el engañar deliberadamente al espectador durante el metraje? Porque no es lo mismo esconder información sobre un personaje, que hacer que éste actúe de manera diferente a su naturaleza incluso en los momentos en los que se encuentra completamente sólo en pantalla. Un buen mago despista a su público, esconde sus trucos y secretos, pero no miente en voz alta cuando está sobre el escenario. Resulta curiosa esta confusión de conceptos en una película que intenta demostrar continuamente sus conocimientos sobre las bases de la magia.

Muchos pensarán que no vale la pena reflexionar tanto sobre una película como ésta, que su objetivo no va más allá del entretenimiento. Pero si el público no se hace al menos algunas preguntas tras ver cualquier tipo de película nunca conseguiremos cambiar la tendencia actual hacia la más absoluta comodidad por parte de la industria, y siempre será más rentable hacer películas a partir de fórmulas en lugar de perseguir otras inquietudes. Un cambio en la industria debe empezar por un cambio en el público. El as está en nuestra manga.

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Gravity

Alfonso Cuarón ha estrenado su nuevo trabajo, Gravity, 7 años después de su anterior y exitosa película, Hijos de los hombres. Durante ese periodo de tiempo la película ha pasado por diferentes estudios y ha visto cómo varias parejas protagonistas ya contratadas acababan abandonando el papel. Pero lo que es aún más importante, esos años también han servido para que se desarrollase la tecnología necesaria para que hoy podamos disfrutar de la experiencia que supone Gravity, pues la historia de los dos astronautas a la deriva en el espacio tras un accidente no hubiese sido posible de otra manera. Es precisamente en el aspecto técnico donde la película está recibiendo alabanzas generalizadas, pues su calidad es indiscutible. Sin embargo me ha llamado la atención observar como cierto sector del público coincide en criticar un aspecto de la película, señalando su guión como excesivamente simple.

Gravity 1

En una época en la que los grandes blockbusters se empeñan en disfrazar su sencillez bajo innumerables giros de guión y acumulación de subtramas que no llegan a ninguna parte, Gravity hace de su simplicidad su principal valor. Al igual que sucede con los avances tecnológicos que comentábamos, la película no hubiese sido posible sin esa sencillez de su guión. Una historia planteada desde el comienzo, sin tomar desviaciones y contada prácticamente en tiempo real. Personajes de los que conocemos las motivaciones estrictamente necesarias y que se enfrentan a una situación que entronca con un sentimiento ante el que cualquier espectador se sentirá identificado: el instinto de supervivencia. Todos estos factores trabajan en conjunto para que el público se implique rápidamente en la historia y así se sumerja en la experiencia que Gravity propone.

Porque sin duda, si hay una palabra que define Gravity, esa es experiencia, pues el trabajo de Cuarón consigue que durante el metraje realmente nos sintamos como si estuviéramos en el espacio, flotando junto a los protagonistas. Esto no se debe únicamente a sus espectaculares efectos especiales, o a un envidiable uso del 3D, sino al dominio del director de un recurso como es el plano secuencia. El director mexicano ya había demostrado su dominio de este recurso en sus anteriores trabajos, empezando por la de sobra conocida escena de la persecución en Hijos de los hombres. Pero el mérito de Cuarón no está en utilizar el plano secuencia, sino en hacerlo de forma justificada y perfectamente integrada en el relato, pues últimamente parece haberse olvidado que los recursos cinematográficos deben ir de la mano del mensaje a transmitir. De un tiempo a esta parte el plano secuencia se ha ido prostituyendo hasta convertirse en un mero ejercicio de ego del director, utilizándose sin mayor justificación que la de demostrar el virtuosismo tras la cámara. En Gravity el plano secuencia podríamos decir que es inevitable, pues al acabar el visionado queda la sensación de que la película no podría haber sido rodada de otra manera, o que en caso de hacerse nunca hubiese tenido la capacidad de imbuir al espectador en esa sensación de estar realmente en el espacio.

Gravity 2

Con lo cual, todos los elementos incluidos en Gravity están ahí para en conjunto dar lugar a la mejor película posible con el material de partida, liberándose de todos los artificios innecesarios para entregar una experiencia cinematográfica como hacía tiempo que no disfrutábamos. A pesar de su espíritu de blockbuster, Gravity hace gala de una honestidad admirable, muy lejos de eso que algunos se empeñan en llamar “entretenimiento honesto“.

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