Basado en hechos reales

Es llamativa la creciente presencia en la actualidad de películas “basadas en hechos reales”, esas que hasta hace un tiempo eran carne de sobremesa en Antena 3 y pocos tomaban en serio. Ya no sólo es que su presencia en taquilla haya aumentado exponencialmente, sino que el letrero de marras ha llegado a convertirse en un auténtico reclamo para cierto tipo de público. No hay más que fijarse en algunos de los más recientes éxitos de taquilla como Lo Imposible, Intocable Argo, para darse cuenta del verdadero tirón de este tipo de propuestas.

Últimamente, entre los trailers que preceden a la proyección en el cine suele haber al menos una de este tipo de películas, y siempre empiezan con la susodicha frase en letras bien grandes, como si eso fuese suficiente para atraer el interés de los espectadores. Sin embargo ésta estrategia no se queda en los trailers. Toda película “basada en hechos reales” que se precie debe empezar con ese letrero y al final, justo antes de los créditos a ser posible, aparecerán las personas reales en cuya historia se basa la película. Incluso, como es el caso del último trabajo de Michael Bay, Pain & Gain, el director puede considerar necesario recalcar el mensaje a mitad del metraje, para evitar que el espectador pueda olvidarse y conseguir así provocar ciertas emociones que no es capaz de causar por otros medios.

Estas maniobras contrastan con otras películas que, usando también historias reales como base, no lo usan como su principal atractivo, como puede ser el caso de Zodiac El Séptimo Continente. En el caso de la ópera prima de Michael Haneke, la naturaleza de la historia queda apuntada levemente en un letrero al final de la película, en el que se especifica el destino de ciertos personajes haciendo referencia a fechas concretas. De esta manera el basarse en una historia real puede pasar desapercibido al espectador sin que la efectividad y calidad del filme se vea afectada. El problema es cuando la naturaleza de la historia se convierte en el pilar sobre el que se construye todo el trabajo posterior, confiando en que la capacidad de empatía del espectador cubra los espacios que no hace el trabajo del director. De esta manera queda en evidencia cuando un director confía realmente en el trabajo que tiene entre manos.

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