Internet y la crítica de cine: la actitud

Uno de los aspectos que considero más preocupantes y que más se ha extendido en el uso de la crítica de cine que se hace en internet es una cierta actitud de superioridad mezclada con desdén a la hora de escribir y de analizar las películas. En muchas ocasiones da la sensación de que el “crítico” no tiene verdadero interés en lo que está escribiendo y cree saber más que el propio director, destrozando la película sin aportar demasiados argumentos. Carlos Boyero encaja perfectamente en esta descripción y es precisamente, uno de los críticos que más atención levanta en la red. Otros se limitan a hacer una especie de diagnóstico de por qué la película es o no un producto adecuado. Este abordaje de las películas desde el enfoque de “productos”, con el que no estoy en absoluto de acuerdo, suele desembocar en al ya famoso y perezoso argumento de “da lo que promete, no se le puede pedir más”.

La verdadera crítica de cine poco tiene que ver con ninguna de estas actitudes, sino que debe nacer de la humildad, esa humildad que aporta el saberse en un estado de continuo aprendizaje. Al escribir una crítica no se busca tanto un lucimiento de los conocimientos del autor (otro lugar común, esas críticas consistentes en una enumeración infinita de referencias) sino profundizar en la experiencia del visionado de la película para intentar descubrir algo más, algo que pudiese estar escondido a primera vista. De esta manera el crítico se pone a prueba con cada texto, intentando aprender siempre algo más, encontrar una mirada diferente y que pueda ayudar a otros a ampliar su visión sobre una determinada película.

Por otra parte es también muy común encontrar en la red cómo algunas críticas acaban dando lugar a eternos debates en los que tarde o temprano sale a relucir el argumento de que el cine es subjetivo, y por lo tanto las palabras de un crítico de poco valen pues cada uno tiene su propia opinión. De esta manera entramos en la zona espinosa del “todo vale”, pues si cada uno tiene una opinión y todas son igual de válidas, el ejercicio de la crítica no tendría un lugar práctico. Creo firmemente que en lo que al cine se refiere (y a las artes en general) a medida que se tiene mayor conocimiento, menos espacio queda para la subjetividad. Esto no se aplica sólo a los apartados técnicos, donde es más evidente, sino también en ámbitos como la capacidad de interpretación, de saber entender ciertas señales propias del lenguaje cinematográfico.

Es innegable que cuanto mayor conocimiento se tiene sobre un tema, con mayor propiedad se puede hablar de él. ¿Y cómo se adquiere éste tipo de conocimiento en el cine? Sin duda una parte esencial se adquiere viendo cine, pero eso no quiere decir que cualquiera que vea muchas películas sea un erudito. Se pueden ver 3 y 4 películas cada día y no aprender nada nuevo. En el cine no basta con mirar, en el cine hay que ver, y eso implica un cierto aprendizaje, un entrenamiento de la mirada. Aquí es donde entra la labor del crítico de cine, pues con esa actitud de continuo aprendizaje, de buscar una mirada diferente, consigue transmitir esas ideas e inquietudes al lector, que intentará hacer esos hallazgos por sí mismo. Sólo de esta manera podemos salvarnos de una situación en el que el “todo vale” sea la regla general y los espectadores acepten con gusto cualquier película porque “da lo que promete” en lugar de intentar ver más allá.

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