Guerra Mundial Z

Dice Mark Cousins en su documental The Story of Film: An Odyssey que el motor que ha impulsado al cine durante su existencia ha sido la innovación; una bonita idea que resulta difícil de creer si atendemos a la situación actual del cine más comercial. Guerra mundial Z, la última macroproducción de Hollywood con Brad Pitt y el fenómeno zombie como principales reclamos, es un claro ejemplo de la deriva actual de este tipo de cine. La película viene avalada por ser la adaptación de la novela superventas de Max Brooks del mismo título, pero tras ver el metraje resultante cabe plantearse si realmente era necesario comprar los derechos de la novela para hacer ésta película. No voy a entrar en la eterna discusión de si es una buena adaptación, o siquiera si esto era posible, en primer lugar porque no he leído la novela y también porque actualmente parece confundirse adaptación con traslación.

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Guerra mundial Z adolece de la concepción errónea, muy habitual en el Hollywood actual, de que una mayor envergadura significa mayores emociones. Sólo así se explica que se hayan decidido por abordar un género tan recurrente hoy en día como el de los zombies, desde el enfoque de una amenaza mundial. Sin embargo la propia película evidencia lo equivocado de esta idea, pues como coincide en señalar gran parte de público y crítica, la parte más efectiva es el tramo final, ese que podría pertenecer a cualquier otra del género y donde se desdibuja por completo la guerra mundial para centrarse en algo cercano y palpable, una amenaza que se encuentra al otro lado de la puerta y que afecta a un sólo personaje.

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De esta manera queda la sensación de que se no se ha sacado provecho al material de partida, y en lugar de potenciar ese aspecto de la novela que podría haber convertido a la película en algo diferente dentro del género, la guerra mundial que reza el título, nos encontramos con un producto anodino. En varias ocasiones se deja entrever retazos de esa guerra que promete el título pero que apenas disfrutamos en la pantalla, y por supuesto se deja la puerta abierta a posibles secuelas que exploten esa vertiente y conseguir así algo realmente innovador. Queda la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada: ¿Por qué no apostar por esa posibilidad en primera instancia en lugar de esperar a otras futuribles entregas? La respuesta es muy sencilla y a la vez explica el por qué comprar unos derechos de los que no se obtiene todo su jugo: para asegurar la recaudación en taquilla. Es mucho más seguro apostar por una película de tono familiar con una estrella reconocible como Brad Pitt y esperar a que lluevan los millones, eso de la innovación puede esperar. Parece que a fin de cuentas, el verdadero motor de la industria cinematográfica es el dinero, aunque nos gustaría creer lo contrario.

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Un pensamiento en “Guerra Mundial Z

  1. kosiesco dice:

    Interesante la puntualización “actualmente parece confundirse adaptación con traslación”. Ya la he hecho en alguna crítica mía; no se presta suficiente atención a la diferencia entre ambos términos.
    Por otro lado, no sé si la obsesión por la innovación es mucho más positiva que la obsesión por el dinero. La novedad por la novedad suele condenar al producto a la vacuidad.

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