Archivos Mensuales: agosto 2013

Así nos va (Vol. 5)

Por suerte o por desgracia aquí estamos para un nuevo volumen de Así nos va, sección en la que recopilamos esos pequeños detalles que encontramos por la red y nos dan señales del estado de la industria del cine y sus formas de consumo. En esta ocasión traigo una review que encontré en la web Letterbox, que para los que no la conozcan es algo muy similar a Filmaffinity pero americano y con un diseño bastante más bonito. En Letterbox al votar las películas tenemos también la opción de escribir una review, al estilo de las “críticas” que escriben los usuarios de Filmaffinity, pero por lo general más breves. En estas reviews podemos encontrar cosas realmente interesantes o auténticas chorradas. El siguiente ejemplo es una review de El Llanero Solitario, la última película de Johnny Depp.

Entrenimiento honesto

Me fascina profundamente el concepto de “entretenimiento honesto”. No me sorprendería si el texto estuviese escrito por los productores u otros implicados en la película, ya que su labor al fin y al cabo es venderla, pero cuando este tipo de conceptos vienen del público está claro que tenemos un problema. Se mire como se mire la denominación de “entretenimiento honesto” no es más que disfrazar de virtud aquello que es un defecto. Si empezamos llamando “entretenimiento honesto” a lo que hasta hace un tiempo era sencillamente “una mierda de película”, iremos poco a poco dejando pasar cualquier cosa que nos tiren a la cara, o incluso celebrando las películas más simples. Si empezamos a engañarnos sobre lo que vemos, luego no podremos quejarnos del panorama cinematográfico porque seremos los primeros culpables.

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Una película, un fotograma: Pickpocket

Esta nueva sección, reciclada de mi anterior blog es muy sencilla. Como su título indica, consiste en seleccionar un solo fotograma de una película, bien sea porque es especialmente llamativo, porque resuma la esencia de la película en cuestión o porque esconde algo más de lo que pudiera parecer, dando pie a una reflexión que pudiera ser interesante. En cualquier caso espero mantener una cierta regularidad en la sección, y si les gusta les animo a participar, compartiendo sus propios fotogramas de otras películas.

Para esta ocasión la película elegida es Pickpocket de Robert Bresson, sin duda uno de mis directores favoritos. El fotograma en cuestión, uno de los últimos de la película, es el siguiente.

Pickpocket

En un cine como el de Bresson, en el que tienen una gran importancia los gestos, llama la atención especialmente este, ya que al desatarse las pasiones de los protagonistas (todo lo que puede desatarse en el cine de Bresson) Jeanne besa la mano de Michel. La misma mano que durante la película ha robado carteras con movimientos precisos y calculados, esos que le han llevado a la prisión, y que se aferra con fuerza a los barrotes que los separan. De esta manera ese beso escenifica la muestra de amor definitiva, el perdón aún sabiendo los actos que ha llevado a cabo esa mano. Un gesto más sutil y frío que un beso en los labios, y sin embargo más significativo, encajando perfectamente con los personajes de Bresson.

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Internet y la crítica de cine: la actitud

Uno de los aspectos que considero más preocupantes y que más se ha extendido en el uso de la crítica de cine que se hace en internet es una cierta actitud de superioridad mezclada con desdén a la hora de escribir y de analizar las películas. En muchas ocasiones da la sensación de que el “crítico” no tiene verdadero interés en lo que está escribiendo y cree saber más que el propio director, destrozando la película sin aportar demasiados argumentos. Carlos Boyero encaja perfectamente en esta descripción y es precisamente, uno de los críticos que más atención levanta en la red. Otros se limitan a hacer una especie de diagnóstico de por qué la película es o no un producto adecuado. Este abordaje de las películas desde el enfoque de “productos”, con el que no estoy en absoluto de acuerdo, suele desembocar en al ya famoso y perezoso argumento de “da lo que promete, no se le puede pedir más”.

La verdadera crítica de cine poco tiene que ver con ninguna de estas actitudes, sino que debe nacer de la humildad, esa humildad que aporta el saberse en un estado de continuo aprendizaje. Al escribir una crítica no se busca tanto un lucimiento de los conocimientos del autor (otro lugar común, esas críticas consistentes en una enumeración infinita de referencias) sino profundizar en la experiencia del visionado de la película para intentar descubrir algo más, algo que pudiese estar escondido a primera vista. De esta manera el crítico se pone a prueba con cada texto, intentando aprender siempre algo más, encontrar una mirada diferente y que pueda ayudar a otros a ampliar su visión sobre una determinada película.

Por otra parte es también muy común encontrar en la red cómo algunas críticas acaban dando lugar a eternos debates en los que tarde o temprano sale a relucir el argumento de que el cine es subjetivo, y por lo tanto las palabras de un crítico de poco valen pues cada uno tiene su propia opinión. De esta manera entramos en la zona espinosa del “todo vale”, pues si cada uno tiene una opinión y todas son igual de válidas, el ejercicio de la crítica no tendría un lugar práctico. Creo firmemente que en lo que al cine se refiere (y a las artes en general) a medida que se tiene mayor conocimiento, menos espacio queda para la subjetividad. Esto no se aplica sólo a los apartados técnicos, donde es más evidente, sino también en ámbitos como la capacidad de interpretación, de saber entender ciertas señales propias del lenguaje cinematográfico.

Es innegable que cuanto mayor conocimiento se tiene sobre un tema, con mayor propiedad se puede hablar de él. ¿Y cómo se adquiere éste tipo de conocimiento en el cine? Sin duda una parte esencial se adquiere viendo cine, pero eso no quiere decir que cualquiera que vea muchas películas sea un erudito. Se pueden ver 3 y 4 películas cada día y no aprender nada nuevo. En el cine no basta con mirar, en el cine hay que ver, y eso implica un cierto aprendizaje, un entrenamiento de la mirada. Aquí es donde entra la labor del crítico de cine, pues con esa actitud de continuo aprendizaje, de buscar una mirada diferente, consigue transmitir esas ideas e inquietudes al lector, que intentará hacer esos hallazgos por sí mismo. Sólo de esta manera podemos salvarnos de una situación en el que el “todo vale” sea la regla general y los espectadores acepten con gusto cualquier película porque “da lo que promete” en lugar de intentar ver más allá.

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Guerra Mundial Z

Dice Mark Cousins en su documental The Story of Film: An Odyssey que el motor que ha impulsado al cine durante su existencia ha sido la innovación; una bonita idea que resulta difícil de creer si atendemos a la situación actual del cine más comercial. Guerra mundial Z, la última macroproducción de Hollywood con Brad Pitt y el fenómeno zombie como principales reclamos, es un claro ejemplo de la deriva actual de este tipo de cine. La película viene avalada por ser la adaptación de la novela superventas de Max Brooks del mismo título, pero tras ver el metraje resultante cabe plantearse si realmente era necesario comprar los derechos de la novela para hacer ésta película. No voy a entrar en la eterna discusión de si es una buena adaptación, o siquiera si esto era posible, en primer lugar porque no he leído la novela y también porque actualmente parece confundirse adaptación con traslación.

World-War-Z-2

Guerra mundial Z adolece de la concepción errónea, muy habitual en el Hollywood actual, de que una mayor envergadura significa mayores emociones. Sólo así se explica que se hayan decidido por abordar un género tan recurrente hoy en día como el de los zombies, desde el enfoque de una amenaza mundial. Sin embargo la propia película evidencia lo equivocado de esta idea, pues como coincide en señalar gran parte de público y crítica, la parte más efectiva es el tramo final, ese que podría pertenecer a cualquier otra del género y donde se desdibuja por completo la guerra mundial para centrarse en algo cercano y palpable, una amenaza que se encuentra al otro lado de la puerta y que afecta a un sólo personaje.

World-War-Z

De esta manera queda la sensación de que se no se ha sacado provecho al material de partida, y en lugar de potenciar ese aspecto de la novela que podría haber convertido a la película en algo diferente dentro del género, la guerra mundial que reza el título, nos encontramos con un producto anodino. En varias ocasiones se deja entrever retazos de esa guerra que promete el título pero que apenas disfrutamos en la pantalla, y por supuesto se deja la puerta abierta a posibles secuelas que exploten esa vertiente y conseguir así algo realmente innovador. Queda la sensación de estar ante una oportunidad desaprovechada: ¿Por qué no apostar por esa posibilidad en primera instancia en lugar de esperar a otras futuribles entregas? La respuesta es muy sencilla y a la vez explica el por qué comprar unos derechos de los que no se obtiene todo su jugo: para asegurar la recaudación en taquilla. Es mucho más seguro apostar por una película de tono familiar con una estrella reconocible como Brad Pitt y esperar a que lluevan los millones, eso de la innovación puede esperar. Parece que a fin de cuentas, el verdadero motor de la industria cinematográfica es el dinero, aunque nos gustaría creer lo contrario.

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El séptimo continente

Últimamente parece estar cada vez más olvidada la idea de que el cine es, en esencia, el arte de narrar a través de las imágenes y las palabras son algo secundario en este medio. Por eso resulta estimulante observar que desde la primera película de Michael Haneke queda patente la capacidad del director austriaco para manejar cierto tipo de cine, ese que consigue que las imágenes hablen por sí mismas sin apenas necesidad de recurrir a las palabras. De hecho, el prólogo de esta película estrenada en el año 1989, sintetiza a la perfección las ideas que se manejarán durante todo su metraje. Un coche limpiándose en un túnel de lavado, rodado con un plano estático desde dentro del coche, donde la familia observa a la máquina hacer su trabajo sin intercambiar ninguna palabra durante ese tiempo. Una familia encerrada en una estructura que avanza inexorablemente y que funciona de forma completamente mecánica. Una magnífica metáfora del funcionamiento de la sociedad que Haneke denuncia en esta película y en numerosos momentos del resto de su filmografía.

El séptimo continente

Esta idea queda reforzada en las siguientes escenas, en las que Haneke rueda el amanecer de la familia, pero centrando el foco en los objetos con los que interactúan. Un despertador, unas zapatillas, la puerta, los cepillos de dientes, los cubiertos… Objetos que marcan el ritmo de nuestras vidas, la sucesión de actos mecánicos y rutinarios a los que llamamos día. Los personajes nunca son mostrados por completo en el plano pues en el fondo ellos no son los protagonistas de sus propias vidas, y apenas hablan entre ellos más que para recordarse que deben despertarse o la ropa que se tienen que poner. En ese aspecto resulta revelador que el primer intercambio de más de 3 palabras entre dos personajes tiene lugar mediante carta, en la que la madre de la familia pone al día a la abuela (su suegra) que vive a cientos de kilómetros. Una muestra perfecta del distanciamiento cada vez más acusado que se aprecia en nuestra sociedad.

El séptimo continente 1

Cabe destacar también la separación en varias partes de la película, cada una titulada por un año, desde 1987 a 1989. Sin embargo cada una de estas partes muestra el transcurso de un día, con esa estructura mecánica idéntica a la comentada anteriormente, por lo que se aleja de una simple estructura caprichosa para descubrirnos que se trata de algo más, pues refuerza la idea de pesadez y rutina al equiparar los años y los días, imposibles de diferenciar e igual de pesados desde la perspectiva que aporta el ritmo de vida que llevan los protagonistas. En el último tramo de la película tiene lugar una explosión de violencia, ya habitual en las películas de este director. La diferencia en este caso es que la violencia se dirige hacia los objetos, con los que los personajes parecen vengarse e intentar romper con la vida a la que los han sometido. La cuestión más interesante es que esa violencia no resulta menos dolorosa por no afectar a personas y de hecho estas escenas resultan bastante desagradables de ver. De esta manera Haneke parece dirigirse al espectador, haciendo que éste llegue a preguntarse si en realidad es tan diferente de esas personas que ha visto desfilar de manera robótica por sus vidas.

El séptimo continente 2

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